Violencia intrafamiliar: ¿Cómo tratas a tu cónyuge e hijos?

Cuídate de cómo tratas a tu familia

Fernando Alexis Jiménez

Lo que Dayana nunca quiso decir, delante de su pastor y que afloró aquella mañana—en medio de la tormenta en la que se había convertido su vida--, era que por diecisiete años su esposo la había abusado. “No entiendo; ¿por tanto tiempo fue víctima y no dijo nada?”, interrogó el funcionario judicial que realizaba la diligencia en una Comisaría de Familia, llena de estantes con folios y papeles, algunos de ellos amarrados con cordeles para evitar que se desperdigaran ante la fuerza del ventilador.

 

--Sí, sí, realmente preferí callarlo…--admitió la mujer para prorrumpir, seguidamente, en llanto al enfrentar la cascada de imágenes que vinieron a su mente y en la que se sucedían incidentes en los que Rodolfo pretendía intimar con persuasión, y si no lo lograba, recurría a la violencia.

 

La gota que rebosó la copa ocurrió  la noche que—ante la negativa de su joven esposa—decidió tirar la lámpara con violencia, desde la mesita de noche. Luego empezó a gritar furibundo, dando vueltas como león enjaulado en la habitación y finalmente, en lo que ella interpretó como locura—producto de la frustración—despertó a su hijita y la llevó—cerca de la medianoche—a ver televisión en la salita de estar.

 

--Y tú no digas nada, Dayana. Ni te acerques porque soy capaz de golpearte—le advirtió ante sus ruegos de que dejara ir a dormir a la menor. La niña no hacía otra cosa que llorar.

 

Aquel incidente, como por arte de magia, tornó más largas las horas, el reloj parecía marchar con nostalgia y lentitud, la misma que despierta ver morir la tarde junto al mar oyendo el murmullo de las horas, y las primeras luces del día la sorprendieron sin conciliar el sueño. Esa situación desesperada fue la   llevó a tomar la decisión de denunciar a su marido.

 

--Llegué al límite—le dijo al empleado judicial que aporreaba el teclado del computador, como si en cada tap tap estuviera imprimiendo la fuerza contundente de una noticia de última hora.

 

Terminaban largos meses y años de sufrimiento. Salió de aquél edificio con la misma sensación de quien acaba de liberarse de una pesada carga.

 

Un fenómeno creciente

 

La agresión intrafamiliar,  y más aún, la violación literal del cónyuge—avivado por el carácter machista que prima en muchos países del continente americano—, representa un fenómeno que cobra cada día mayor fuerza y que en una sociedad que privilegia los derechos del hombre sobre los de la mujer, termina aceptándose como algo “normal”.

 

En criterio de la presidenta del Centro Latinoamericano de Salud y Mujer (CELSAM), Diana Galimberti, el asunto es más serio cuando el agresor sexual es el compañero y no un desconocido. A su turno el coordinador del Centro Internacional de Investigaciones sobre la Mujer –ICRW en inglés--, Gary Barker, considera que “Cuando se trata de un extraño para la mujer, hay un mayor reconocimiento de que se trata de una violación, por cuando ocurren dentro del matrimonio en muchos países se piensa que—como ella aceptó una vez—lo hará siempre”.

 

En este último concepto coincide la especialista brasilera Ley María da Penha, quien señala que “La violencia sexual es cualquier conducta que obligue al cónyuge a mantener o participar en una relación sexual no deseada, bien sea mediante intimidación, amenaza, coacción o uso de la fuerza”.

 

¿Cuál es el problema? Que en la mayoría de las culturas la intimidad se considera una obligación al interior del matrimonio. Pero, ¿es esto lo más apropiado?¿Está esa posición en coincidencia con la voluntad de Dios?¿Qué dice la Biblia al respecto?

 

La mujer, vaso frágil

 

En un alto porcentaje de los  casos de violencia intrafamiliar y en el hecho específico de violación sistemática al cónyuge, es la mujer quien lleva la peor parte. Históricamente ha sido así.

 

Lo interesante es que cuando vamos a la fuente de nuestra orientación, la Biblia, encontramos que Dios le da una posición privilegiada. La definición la hizo el apóstol Pedro cuando escribió: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”(1 Pedro 3.7)

 

La concepción resulta a todas luces interesante. Propone, dentro del marco de la vida cristiana práctica, un trato sabio para la esposa, lo que indudablemente está ligado a un trato amable, amoroso, considerado y respetuoso. Cuatro principios que honran el matrimonio y glorifican a Dios. Obligar a la esposa a tener relaciones sexuales, además de violentar su voluntad y representar un comportamiento agresivo, va en contravía de lo dispuesto por Dios.

 

Hay que agregar el hecho de que las mujeres son “co-herederas de la gracia”, característica que les hace igual a usted y a mí delante del Señor. No somos más importantes. Hombre y mujer, en Su presencia, tenemos igual nivel.

 

Un tercer aspecto que debemos considerar es que un hogar inmerso en problemas, y más aún, en el que la mujer sufre mal trato, genera un ambiente adverso para que las oraciones sean escuchadas.

 

Amor hasta el límite del sacrificio

 

Cierto día, en un hospital, aprecié una de las imágenes más conmovedoras de que tenga memoria y que comparto con ustedes: un hombre estaba altercando con médicos especialistas en procura de que aceptaran su propósito de donarle el corazón a la esposa. Ella se encontraba muy enferma y un transplante lucía como la única alternativa viable. “Si me toca morir por ella, estoy dispuesto”, les decía con palabras cargadas de desesperación.

 

¿Hasta qué punto nuestro nivel de amor y respeto hacia la esposa podría tener acompañamiento con la disposición de morir por ella, si fuera necesario? Es una respuesta que solamente usted se puede responder.

 

El apóstol Pablo al instruir a los cristianos del primer siglo y también a nosotros hoy, sobre pautas para un matrimonio sólido, recomendó: “Maridos, amad a vuestras mujeres,(A) así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…”(Efesios 5:25)

 

No, no le estoy diciendo que sólo usted como marido debe sacrificarse. Lo que le estoy diciendo son dos cosas, que tal vez otros autores cristianos no hayan abordado: el primero, que el respeto en la pareja se debe  manifestar incluso en una relación íntima de mutuo acuerdo. Su esposa no está obligada—permítame hacer énfasis en eso—a absolutamente nada. Si accede es porque lo quiere, no por algún tipo de presión. El segundo, que  evidenciar respeto en todas las esferas de su relación de pareja. En el tono de voz que utiliza al hablar, las palabras que utiliza, los modales, gestos y cuanto le expresa a su cónyuge.

 

Un trato áspero no está en la voluntad de Dios

 

La imagen del “macho latino” en el que se mezclan algo de mexicano, una pizca de colombiano y algo de peruano, de hombres rudos que responde a su mujer con gruñidos, la apartan con brusquedad y la obligan como si estuviéramos en la época de las cavernas, dista mucho de la realidad y más: de lo que Dios espera de nosotros como esposos.

 

El apóstol Pablo hizo énfasis en este principio cuando escribió: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”(Colosenses 3.19). Amar no es solamente una palabra que se escribe con cuatro palabras y se le dice a la mujer cuando estamos en el período de novios. Amor—en el caso de la pareja—es un sentimiento nacido desde lo más profundo de nuestro ser, que debe expresarse con hechos.

 

Le invito para que evalúe cuál es el trato que da a su cónyuge. ¿Acaso afloran en usted los instintos y considera que la intimidad es únicamente ese momento de satisfacción personal?¿Agredió u obligó a su esposa a recibirle en la cama? Si es así, ¿ya remedió la situación con ella y pidió perdón a Dios por su actitud? Hoy es el día apropiado para tomar decisiones…

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705

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No se deje dominar por los impulsos

Las emociones incontroladas traen serios problemas a su vida

Fernando Alexis Jiménez

Nadie sabe cómo se inició el conflicto. Los vecinos sólo recuerdan que la discusión inició pasadas las ocho de la mañana. El marido argumentaba que el café estaba demasiado caliente, amargo y con poca azúcar. “¿Pretendes que me lo beba?”, le interrogaba, alzando la voz más de lo acostumbrado.

 

La mujer se defendía. “Deja que enfríe”, decía una y otra vez. Pero el altercado iba en aumento. De pronto un sonido seco, el grito de ella y un tremendo portazo, del hombre al salir. Eso fue todo lo que escucharon.

 

Minutos después las llamas invadían todo alrededor. La casa de latas, zinc y cartones estaba envuelta en fuego que pronto ganó fuerza y abrazó a otras viviendas, dejando a su paso tristeza y desolación. Cincuenta y seis familias de aquél barrio marginal terminaron en la ruina.

 

--Mire usted lo que provocó la rabia de doña Isabela—se quejó una de las damnificadas.

 

Alrededor todo era desolación, como si hubiese terminado una guerra tremenda, de aquellas en las que sólo se recuerda el dolor y las esquelas descoloridas de lo que fue…

 

¡Cuídese de la ira!

 

La ira destruye nuestra vida. Produce secuelas imborrables, que desatan tristeza y culpabilidad en nuestro corazón, y heridas entre quienes nos rodean.

 

La Biblia es clara cuando advierte: “El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar”(Proverbios 14:17, Nueva Versión Internacional). Alguien dominado por un enojo irrefrenable, termina dejándose arrastrar como una frágil rama por un río correntoso, lo que a la postre causa destrucción y levanta a nuestro alrededor tremendos muros de prevención no solo entre nuestros familiares sino amigos y conocidos: No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio.”(Eclesiastés 7.9, Nueva Versión Internacional)

 

Un joven que asistió a consejería se lamentaba porque tenía pocos amigos. “Me rechazan; salen huyendo. Ni siquiera tengo novia”. Un análisis cuidadoso del asunto, descubrimos que el eje central radicaba en su irascibilidad. Apenas sentía que algo le incomodaba o tal vez, cuando experimentaba la sensación de vulnerabilidad, inmediatamente reaccionaba desatando una verdadera tormenta.

 

Coincidimos en la necesidad de invitar al Señor Jesucristo a su corazón con el propósito de que trajese los cambios que tanto anhelaba, los que se reflejaron en la ampliación del círculo de sus amistades.

 

Preste atención a las señales de alarma

 

Todos los seres humanos podemos cambiar. No importa que nuestras reacciones se caractericen por la irascibilidad. Esa inclinación puede modificarse. Basta que usted y yo estemos atentos a las señales de alarma, cuando identificamos que algo nos produce molestia y vamos a explotar.

 

El rey Salomón enseñó hace muchísimos siglos que resulta altamente beneficioso aplicar el dominio propio: Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.”(Proverbios 16:32; Mateo 5:21,22, Nueva Versión Internacional)

 

¡Sí es posible controlarnos! Si le parece difícil, recuerde siempre que con ayuda del Señor Jesucristo traemos modificaciones a nuestra forma de pensar y de actuar. Con Su ayuda ¡Nada resulta imposible! (Cf. Filipenses 4:13)

 

Cuando aplicamos esos cambios, sin duda estaremos teniendo puentes de amistad y diálogo con quienes nos rodean, y de paso, testimoniaremos de Cristo en nosotros como Él lo merece: El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.”(Proverbios 14:29, Nueva Versión Internacional)

 

Nuestra vida evidencia transformaciones a partir de cosas pequeñas. El temperamento y las reacciones explosivas, pueden ser algunas de ellas. Y hoy es el día para comenzar esa evolución en su existencia. ¡Recuerde que no está solo! En el Señor Jesucristo encontrará la fuerza para alcanzar la victoria…

 

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El instante que no vivió plenamente, jamás volverá

Dios nos concibió para vivir plenamente

Fernando Alexis Jiménez

Instantes. Únicos. Irrepetibles. Se van como la brisa. Fugaces. Y, a menos que los vivamos a plenitud en Dios, no quedarán ni siquiera en los recuerdos. Instantes que no vuelven; que se quedan grabados en lo más profundo de nuestro ser; que vivimos de acuerdo con la perspectiva que tenemos de la vida. Todo depende de cuál es nuestra visión de ellos, positiva o negativa. De ahí que los instantes pueden ser gratos o tristes. Instantes al fin y al cabo.

Ese fue el asunto sobre el que meditamos, instantes antes de partir cada uno a su país, con el pastor Roberto de Oliveira. Un brasilero que bailaba zamba antes de conocer a Jesucristo. Un brasilero que le daba lo mejor de su vida al Carnaval de Río de Janeiro, su ciudad de origen.

--Partimos con la conciencia del deber cumplido

--Sí...—asintió--; sin embargo creo que pudimos hacer más... Otra oportunidad no la desaprovecharemos... Evangelizaremos más, a más personas, con todas nuestras fuerzas....—reflexionó.

Era cierto. Doce días atrás habíamos llegado a la provincia para participar de la cruzada evangelística más grande realizada en la ciudad y sus alrededores. Instantes. En los barrios pobres, compartiendo con las gentes las Buenas Nuevas de Salvación. Instantes. Tomando café, chicha morada o simplemente té anisado. Instantes. Hablando hasta muy tarde en la noche con las personas, todas igual que nosotros, de humilde condición. De aquellas que cuentan monedas en los bolsillos para ver si les alcanza para tomar el autobús. O comprobar si deben caminar varias cuadras antes de llegar a casa. Instante. Nos identifica algo: ellos y nosotros amamos al Señor Jesús.

Ya estaban haciendo el segundo llamado para abordar el avión. Un abrazo fraterno de dos pastores, más que eso, dos servidores—quizá los más pequeños en el Reino de Dios—convencidos de que lo mucho que hagamos será poco en la meta de alcanzar a América Latina para Cristo. Instantes, de sueños, esperanzas, metas. Instantes. Para seguir adelante y no renunciar pese a las adversidades.

Jamás será lo mismo

Al llegar a mi amada Colombia, después de cuatro horas remontando la cadena montañosa de los Andes a bordo de un avión que crujía por la turbulencia --como si se fuera a desbaratar--, hablé con el reverendo Roberto de Oliveira. Estaba con su familia en Brasil. "Aprendimos bastante—me dijo—;entre otras cosas, a aprovechar cada instante que Dios nos regala".

Y de nuevo en casa, con mi esposa y mis hijos, y el abrazo entusiasta que ellos jamás comprenderán, pero que llevo en mi corazón: el propósito de aprovechar con ellos cada instante...

La vida es única e irrepetible, al menos nuestro tránsito terrenal. Y es necesario vivirla a plenitud para Jesucristo. Comprendemos ahora al autor bíblico cuando anota: "Lo mejor que puede hacer uno es comer, beber y disfrutar del trabajo que hace. También esto viene de Dios. Porque ¿hay alguien que haya tratado de disfrutar la vida más de lo que yo he hecho? Además, Dios le da sabiduría, entendimiento y alegría a quien él aprueba" (Eclesiastés 2:24-26. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Viva el hoy para Dios. Vívalo con su familia. Incluso, hasta su labor cotidiana, aquella que le hace evocar pereza al abrir los ojos en la mañana. Viva cada instante. Recuerde, al menos en nuestro tránsito terrenal, es único e irrepetible.

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Fuiste creado con las potencialidades para ser un triunfador

Fernando Alexis Jiménez

Dios te creó con las potencialidades de un vencedor

Everardo. Simplemente Everardo. "Un nombre bastante extraño", comentó el Notario Municipal cuando los padres llevaron al chico para ser registrado. Sin embargo no fue únicamente su nombre el que lo hizo diferente. Existen también dos características que rodean su existencia y que lo tornan único:

La primera, Everardo tiene una inteligencia excepcional. Aunque los sicólogos aún no se pongan de acuerdo respecto a qué significa "inteligencia excepcional", Everardo fue el más aventajado de su generación, aún desde niño. A sus cuatro años leía y escribía con facilidad, y a los diez ya se había leído el primer tomo del libro "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra. Incluso se atrevió a hacer una serie de críticas curiosas respecto a la estructura literaria.

La segunda, Everardo perdió una pierna a sus dieciséis años. Era la época de las locuras juveniles y su afición a volar en una motocicleta, le llevó a estrellarse a más de noventa kilómetros contra un automóvil que cruzaba despacio las calles de Santiago de Cali.

Aquel momento difícil no se constituyó en obstáculo para este hombre que, a sus treinta y dos años, es uno de los pocos jugadores de balonmano, sin ayuda de prótesis. Dicho sea de paso, jamás le ha gustado usarla. "No me acostumbre jamás a utilizarla", dijo al explicar las razones por las que sigue siendo manco.

Guardar el equilibrio fue su mayor problema. Pero aprendió. Todos alrededor estaban sorprendidos. Él simplemente lo intentaba una y otra vez, aunque caía. Se levantó y cayó en infinidad de ocasiones, tantas que perdió la cuenta.

La historia de Everardo Sánchez Mosquera, quien reside en el Distrito de Aguablanca, al oriente de la ciudad, sirve de marco para que hoy meditemos en las implicaciones que tiene "perseverar hasta la victoria".

Dios nos fortalece para perseverar

¿Quiénes llegan hasta la meta? Sólo aquellos que perseveran, tal como lo explica el rey David, uno de los hombres legendarios en la historia de Israel quien conoció de cerca lo que significa la perseverancia. Él escribió: "Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!" (Salmo 60:12. Nueva Versión Internacional).

Distantes de Dios estaremos luchando en nuestras fuerzas; asidos de Él, podemos avanzar. Es como una operación matemática: algo exacto si se lleva a la práctica siguiendo los pasos indicados. Aquellos que dependen de sus propias capacidades y voluntad, generalmente desisten ante los primeros obstáculos. Quienes tienen conciencia de ser "vencedores", perseveran.

Ahora, ¿cómo logramos dar pasos firmes en medio de los múltiples obstáculos que surgen cuando nos hemos fijado un propósito?. La respuesta está orientada a considerar tres elementos: el primero, dejar de lado toda sombra de duda; el segundo, dejar de lado toda sombra de desánimo, y el tercero, dejar de lado toda sombra de temor.

Un paso de fe

Cuando tenemos la certeza de que venceremos en Dios por encima de cualquier obstáculo, se producen en nosotros dos inclinaciones indeclinables: la primera, luchar cuanto sea necesario bajo el convencimiento de que llegar hasta el final de la meta implica estar preparados para enfrentar los problemas y las derrotas; la segunda, la certidumbre de que llegar hasta el final implica disponernos a seguir adelante.

Si volvemos sobre las páginas de la Biblia encontraremos que los hombres que jugaron un papel histórico, perseveraron hasta alcanzar la victoria. En la práctica, muchas veces a partir de los errores, aprendiendo que un fracaso no debe motivarnos a renunciar; que en cada fracaso Dios planta una semilla de éxito; que todo fracaso nos permite aprender una nueva lección; que los fracasos no siempre son culpa de los demás y, por último, que los deben quedar sepultados en el pasado.

Es probable que diga: "Eso esta bien para los héroes de los registros bíblicos y, ¿qué hay de mi?". ¡Usted también puede lograrlo!. Basta que revise de nuevo el texto: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

El apóstol Pablo, ejemplo de perseverancia

Para que se forme una idea clara de que sí podrá sobreponerse a cualquier obstáculo que salga al paso en su camino hacia la victoria, permítame recordar al apóstol Pablo. Era un hombre con las mismas debilidades, incertidumbres y hasta emociones encontradas que tenemos usted y yo.

Él debió predicar el Evangelio de Cristo en medio de gran oposición tal como lo leemos en las Escrituras: "En Iconio, Pablo y Bernabé entraron, como de costumbre, en la sinagoga judía y hablaron de tal manera que creyó una multitud de judíos y de griegos. Pero los judíos incrédulos incitaron a los gentiles y les amargaron el ánimo contra los hermanos. En todo caso Pablo y Bernabé pasaron allí bastante tiempo, hablando valientemente en el nombre del Señor, quien confirmaba el mensaje de su gracia, haciendo señales y prodigios por medio de ellos." (Hechos 14:1-3. Nueva Versión Internacional).

Si el poder de Dios estaba con ellos, ¿qué importaban los ataques? Pablo perseveraba. Sabía que, asido de la mano de Aquél que todo lo puede, era invencible.

Las Escrituras advierten que cada día los problemas eran mayores y, pese a ello, Pablo y Bernabé redoblaban su esfuerzo evangelístico: "La gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban de parte de los judíos, y otros de parte de los apóstoles. Hubo un complot tanto de los gentiles como de los judíos, apoyados por sus dirigentes, para maltratarlos y apedrearlos. Al darse cuenta de esto, los apóstoles huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores" (Hechos 14:4-6. Nueva Versión Internacional).

¿Imagina cuál pudo haber sido la reacción nuestra al recibir atentados contra la integridad física? Es fácil intuir que tal vez habríamos salido huyendo. Si no comparte mi opinión, recuerde cuál es su actitud cuando alguien rechaza cualquier suyo por compartirle el Evangelio de Jesucristo; o quizá cuando hicieron mofa por su costumbre de llevar un ejemplar de la Biblia donde quiera que va.

La fuerza de Dios

¿En dónde radicaba la perseverancia del apóstol Pablo? Responder esta pregunta no es fácil pero sí se reduce a unas pocas palabras: el perseveró gracias a que su fortaleza provenía de Dios. Él veía en la oposición y en las persecuciones, una enorme oportunidad para identificarse con los sufrimiento del Señor Jesucristo.

Es interesante que volvamos al texto bíblico objeto de estudio. Allí leemos: "En eso llegaron a Antioquia y de Iconio unos judíos que hicieron cambiar de parecer a la multitud. Apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, creyendo que estaba muerto. Pero cuando lo rodearon los discípulos, él se levantó y volvió a entrar en la ciudad..." (versículos 19 y 20).

La disposición de Pablo de seguir adelante era permanente. No fluctuaba. Incluso cuando estuvo a punto de perder la vida ya que "...volvió a entrar a la ciudad..."

¿Está dispuesto a renunciar a sus metas, sueños y esperanza? Espero con el corazón que no, ya que usted nació para vencer no para ceder a la derrota. Recuerde que la diferencia entre un fracaso y el ser un fracasado estriba en nuestra actitud. Dios es quien nos otorga el poder para perseverar...

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Las terapias alternativas, ¿encierran algún peligro para la salud?

Buena parte de las terapias alternativas disfrazan prácticas ocultistas

Fernando Alexis Jiménez

El niño estaba pálido, sin color como las paredes de la humilde pieza donde vivían todos hacinados en un lugar remoto de Bolivia. “Deberíamos llevar la criaturita donde el médico”, intervino quedamente la mujer, cansada ya de llorar. El marido la miró con una mezcla de reproche y rabia contenida, como una represa en donde el nivel de sus aguas no hace otra cosa que aumentar, con la amenaza de desbordarse en cualquier momento. “No digas cosas que ni sabes;  ya te dije que el chaman le hizo rezos al muchacho. Pronto sanará. Ya verás”.

 

Esa noche el llanto del pequeño no dejó dormir a nadie en el caserío. La madre intentaba calmarlo, alumbrada apenas por el tenue resplandor de una vela que se terminó al filo de la madrugada. Hacia las cinco de la mañana cesó el lloriqueo. La mujer intentó reanimarlo, pero era tarde. Murió.

 

El hombre la culpó a ella, por no creer en las tradiciones de su tribu. “Vos sos la culpable de que haya muerto. Ya le habían hecho sus rezos al niño. Solo se necesitaba que creyeras”. Y la echó de la aldea. De nada sirvieron las explicaciones de la enfermera. A ella también la sacaron, y sus escasas propiedades, y unos cuantos frascos de medicina, quedaron regados por el camino polvoriento que llevaba al pueblo…

 

En otro lugar distante de la geografía vallecaucana, Rosaura recibió notificación de que sus dolores no eran otra cosa que una gastroenteritis. El médico le extendió una fórmula. “Reclame las medicinas en la farmacia, saliendo por el pasillo, a mano derecha”.

 

Ella no dijo nada. Asintió con la cabeza, sin quitar su mano del abdomen, presa de unos dolores eran insoportables.

 

Afuera la esperaba su hija. “¿A dónde vamos?”, preguntó. La respuesta tajante: “Donde Eliécer, el homeópata. Le creo más que a estos matasanos

 

El yerbatero de barrio le recomendó enemas de café, hielo sobre el estómago y unas infusiones “energizadas”, que terminaron llevándola a una complicación de peritonitis. Finalmente, y ante lo insoportable del dolor, terminó aceptando que la ingresaran a la clínica por urgencias.

 

¿Ciencia, charlatanería o superstición?

 

Una buena parte de la medicina alternativa tiene como soporte creencias y filosofías orientales, sobretodo cuando se alude a las “fuerzas cósmicas” como paso para la sanación total de todas las enfermedades, incluso aquellas de carácter terminal.

 

No estamos en contra de las terapias que  gravitan alrededor de conocimientos ancestrales, como la utilización de algunas hierbas que tienen propiedades curativas, pero sí contrarios a aquellas ramificaciones que se parapetan en seudo-ciencia y que son una mezcolanza de Nueva Era y ocultismo. Entre los ingredientes de que se alimentan, se cuentan principios doctrinales del islamismo radical, doctrinas de chinos, coreanos y japoneses, fórmulas “mágicas” africanas, brasileras y del caribe, pero que en su conjunto han sido vendidas en occidente  como un redescubrimiento de la sanación con el poder de la mente.

 

Sin duda usted habrá escuchado de la iriología como método de diagnóstico de enfermedades, la acupuntura china,  la regresión, la terapia del sueño, la meditación orientación o el abierto contacto con los espíritus guías, entre los que podemos mencionar a el demonio “San Gregorio”, ampliamente conocido en Latinoamérica. Son utilizados por la medicina tradicional.

 

Los potenciales clientes son sometidos a un lavado cerebral con literatura que no tiene basamento científico sino “testimonios” de quienes han sido curados con tal o cual técnica.

 

Tan solo en Estados Unidos las terapias alternativas mueven anualmente 26 mil millones de dólares.

 

¿Cómo es posible que el flujo de recursos sea tan alto? Porque se afincan en la credulidad de la gente—incluso de personas con alto nivel académico y científico--, la charlatanería con una amalgama de términos “científicos” y “espirituales”, y la utilización de los medios masivos: radio, prensa, televisión e Internet.

 

Entre los tipos de curación que ofrecen se cuentan: las técnicas que invocan el poder mental, la manipulación energética y el “espíritu” de las plantas medicinales para traer curación total a cualquier dolencia. ¿Ha escuchado hablar de estos temas? Lo más probable es que sí. Por eso motivo no le sonarán extraños nuestros planteamientos.

 

¿Quiénes son los pacientes de estas terapias?

 

Una pregunta obligada: ¿Quiénes consultan este tipo de “especialistas” alternativos de la Nueva Era? En esencia hay tres fuentes de clientela: la primera, quienes sólo quieren prevenir las enfermedades y pretenden blindarse para tener larga vida; en segundo lugar se encuentran aquellos que realmente están enfermos y desean curas rápidas e indoloras a sus males, y por último, las personas que se encuentran en la fase terminal de alguna enfermedad.

 

Ahora, es fácil deducir por qué razón resultan tan perjudiciales. En primera instancia, por la carencia de un diagnóstico con asidero científico. Se recurre a la intuición y en muchos casos, a prácticas ocultistas como medio para identificar qué le está ocurriendo al paciente; en segundo lugar, por que no hay tratamiento a las enfermedades. Se les recomienda la visualización de que ahora sí “están sanos”, pretendiendo que tal práctica será altamente eficaz y, en tercer lugar, el daño emocional que se desencadena cuando las personas descubre que pese a todos sus esfuerzos, siguen igual de enfermas o peor.

 

La medicina alternativa, que tiene asidero en la Nueva Era, resulta altamente perjudicial antes que beneficiosa, a pesar de las artimañas de Satanás para hacer creer lo contrario.

 

Un engaño desde el comienzo de los tiempos

 

Uno de los más grandes engaños de Satanás consiste en llevar creer a las personas que en sus fuerzas y haciendo acopio de la voluntad y “poderes de la mente”, son capaces de resolver todos los problemas e incluso, propiciar su auto sanación.

 

No es algo nuevo. La Biblia relata que sus artimañas han sido ingeniosas, sutiles y bien camufladas desde el comienzo de los tiempos.

 

En el revelador diálogo que tuvo la serpiente antigua --que es el diablo--con Eva, deja entrever sus estratagemas bien concebidas para engañar, destruir y traer ruina física y espiritual a quienes se dejan atrapar en sus redes: “La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer:—¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín?—Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: "No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán." Pero la serpiente le dijo a la mujer:—¡No es cierto, no van a morir!  Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió…”(Génesis 3:1-6. Nueva Versión Internacional)

 

El resultado fue catastrófico. Al creerse el cuento de que tenían extraordinarios poderes y que era probable cruzar fronteras y límites, se precipitaron Adán y Eva al abismo.

 

Una rápida propagación del engaño

 

A la propagación de las filosofías—bien de oriente, pero también alimentadas por teorías seudo científicas de occidente--, contribuyen los medios de comunicación. La equívoca información llega a todas las personas con una facilidad asombrosa. Un artículo publicado en la autopista informática, puede darle la vuelta al mundo en cuestión de seis horas, de acuerdo con el criterio de los especialistas.

 

A fuerza de repetición, muchos se han  acostumbrado a las terapias alternativas, sin entrar a analizar los elementos de ocultismo que encierra. Al asumir en sus vidas estas prácticas, quienes lo hacen marchan en contravía de lo dispuesto por nuestro amado Padre celestial y que advirtió a los israelitas y a nosotros hoy día: “Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. ”(Deuteronomio 18:13, 14. Reina Valera 1960) Lo apropiado, como aprendemos en las Escrituras, es buscar al Señor y no a los hombres, cuando nos encontramos en medio de una crisis de salud o de orden espiritual –-Deuteronomio 13:15 Cf. Jeremías 27:8-10.

 

Recuerdo a una mujer por  la que me pidieron que orara. Padecía cáncer. Se mostró renuente a ser ungida con aceite, como enseñan las Escrituras (Santiago 5:14, 15), para proceder a clamar por su sanidad. “Estoy yendo donde un médico alternativo que me mandó unas tomas de agua energizada. Le agradezco lo que quiere hacer por mi, pero tengo fe en esos remedios”. La mujer murió mes y medio después. No solo prefería los brebajes desechando la oración a su favor, sino que desestimó a los médicos. ¿Culpa de Dios? En absoluto. Fue una decisión que tomó esta buena señora.

 

Es necesario permanecer alerta

 

Como cristianos debemos mantenernos alerta. No permitir que Satanás nos engañe a través de una de las más grandes ramificaciones de la Nueva Era, como es la medicina alternativa.

 

Es imperativo que examinemos con lupa cada enseñanza que recibimos. No dejar que el enemigo espiritual engañe nuestros sentidos y nos arrastre a los engaños que siempre ha desplegado, envolviendo en la mentira a millares de personas: Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo...”(2 Corintios 11:2, 3. Reina Valera 1960)

 

No importa cuán atrayentes puedan parecer las bondades de la medicina alternativa. Son mentira. Producto de una bien orquestada iniciativa de Satanás para llevar tras el ocultismo a quienes son fieles a Cristo, y con mayor énfasis, a quienes nos están fortalecidos en la fe o sencillamente, no son salvos.

 

Por favor, entiéndame que no estoy cuestionando las infusiones de hierbas y aquellos remedios caseros, que como buen latinoamericano, conozco desde la infancia porque se transmitieron de generación en generación. Lo que cuestionamos frontalmente, son aquellas terapias que incluyen la fijación de imanes en algunas partes del cuerpo con el pretexto de atraer las “energías positivas” del universo, la utilización de velas con rezos que ni el mismo practicante entiende, los “riegos de la buena suerte”, los cuarzos rezados y toda ese abanico de engaños, que le abren puertas al enemigo espiritual.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dudo en escribirme a fernandoalexis@aol.es  o bien, puede contactarme en el teléfono (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

Si tu economía va en picada ¡debes hacer algo hoy!

¡Cuide su economía!

Fernando Alexis Jiménez

Cuando hurgó sus bolsillos—primero con curiosidad y luego con desesperación--, Roberto descubrió que apenas tenía unas monedas, y luego se dirigió, febril, hacia el interior de su billetera en la que únicamente encontró los documentos de identidad y unas cuantas tarjetas de presentación. "Dios mío, otra vez me quedé sin dinero", murmuró.

Llevaba varios meses en la misma situación. Un ciclo que parecía interminable. Su fuerza de voluntad se mantenía firme en un trayecto no mayor de doscientos metros: desde que salía del banco, después de cobrar su quincena, hasta que pasaba frente a la vitrina de un almacén, una librería, un restaurante o una venta de "saldos". Obtenía cosas que no necesitaba, simplemente porque tenían un rótulo de colores que decía: "Rebajas". Muchas veces se encontró echando la basura aquello que cuatro meses antes parecía novedoso y que descubrió, no tenía mucha utilidad en su hogar.

El común denominador era que, pasados dos días—a lo sumo-- después de recibir su salario quincenal, se quedaba sin un peso y luego se veía asimismo frente al calendario de pared que fijó en su oficina, auscultando qué día era y deseando en lo más profundo de su ser, que llegaran el 15 o el 30.

"Jamás podré salir de esta crisis", se repitió mientas sacaba, furtivamente, como si alguien estuviera mirándolo y estuviera a las puertas de asestarle un regaño, la tarjeta de crédito para realizar un avance de dinero y cubrir lo que le faltaba.

¿Qué plantea la ciencia?

Al referirse a los fenómenos de los compradores compulsivos, aún a costa de que su inclinación les lleve a endeudarse para después lamentarse por las decisiones erradas, los científicos aseguran que es un comportamiento con origen en las hormonas. Sicólogos de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra, descubrieron que muchas personas—especialmente mujeres—compran y compran, dando rienda suelta a un deseo que consideran irrefrenable, para después sentirse culpables de lo que hicieron.

Por ejemplo, las conclusiones del análisis realizado entre 443 mujeres con edades que oscilan de los 18 a 50 años para identificar sus hábitos de compras y que fueron presentadas en la conferencia de la Sociedad Sicológica Británica, revela que cerca del 65% admitieron haber gastado compulsivamente cuando atravesaban las últimas etapas de su ciclo menstrual. El 55% dijeron haber gastado alrededor de 40 dólares, y un número reducido aunque no menos significativo, reconocieron que dispararon sus adquisiciones y deudas en más de 350 dólares.

Los investigadores señalaron que el comportamiento se da diez días antes de la menstruación en las mujeres y durante el período. "Es algo hormonal—dijo la profesora Karen Pince, de la Universidad de Hertfordshire, en nota que publicó la BBC --. Durante el ciclo experimentamos aumentos repentinos y fluctuaciones en las hormonas que afectan la parte del cerebro vinculada a las emociones y al control inhibitorio".

En el caso de los hombres la compulsión por comprar, aunque se endeuden hasta más no poder, se produce por vacíos internos e incluso complejos, que buscan llenar y superar a partir de la sensación de "tener". A este hecho se suma la influencia de la sociedad de consumo que "valora" a alguien por el celular que usa, el traje que viste o el auto en el que se moviliza. De ahí que muchos caballeros parecen desplazarse en una pista sin fin en la carrera por endeudarse para ganar cierto estatus.

Mida las consecuencias de lo que hace

Un pasaje revelador acerca de los enormes perjuicios de endeudarse, lo hallamos en el segundo libro de Reyes, capítulo 4, cuando la viuda de un siervo de Dios quien se había endeudado pero falleció, acude a Eliseo en procura de ayuda. Una situación compleja. Estaban en peligro los hijos de aquella mujer a quienes los acreedores querían llevarse como prenda de pago.

El siervo de Dios le mandó traer vasijas y con un poco de aceite se llenaron. Sólo cesó cuando terminaron las vasijas. "La mujer fue y se lo contó al hombre de Dios, quien le mandó: «Ahora ve a vender el aceite, y paga tus deudas. Con el dinero que te sobre, podrán vivir tú y tus hijos.»"(2 Reyes 4:7, Nueva Versión Internacional)

Endeudarnos, sin necesidad, acarrea consecuencias. Es algo que deberíamos pensar cuando sacamos la tarjeta de crédito. No es aconsejable gastar y gastar. Es una fuerza superior, que trata de gobernar nuestra siquis, y que vencemos no en nuestras fuerzas sino en las de Dios.

Otra consideración que le invito a atesorar en su corazón: no sea "manos rotas", es decir, de aquellos que gastan y gastan sin pensar en el mañana. Quien obra de esta manera, temprano o tarde terminará en problemas. La Biblia nos sugiere dos cosas: evaluar en qué invertimos cada peso y, comprometernos a pagar las deudas que asumimos: "Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan; otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria."(Proverbios 11:24, Nueva Versión Internacional)

¡No se deje arrastrar por los deseos del corazón, que al fin y al cabo son engañosos, cuando se trata de comprar! Pero algo más, un tercer principio que debe valorar enormemente: no salga de fiador por nadie. No es algo caprichoso, Dios mismo lo recomendó a Su pueblo: "No te comprometas por otros ni salgas fiador de deudas ajenas…"( Proverbios 22:26, Nueva Versión Internacional)

Quien se pone en la brecha por los demás, aún siendo irresponsable con sus propios compromisos, terminará con serios problemas. Lo mejor, hoy y siempre, es someter a Dios todos nuestros proyectos, entre ellos por supuesto, el de las compras.

Nuestra responsabilidad: el punto de equilibrio

Confieso que conozco poco de temas financieros. Recuerde que estudie periodismo y, de otra parte, la carrera profesional de teología. Nada de números. Pero a raíz del manejo económico en la iglesia y tras consultar una y otra vez a la Contadora de la congregación, me insistía en algo que ya no es algo nuevo en mi presupuesto mental: el punto de equilibrio. Ese estado en el que los gastos están acompasados con lo que entra. No excederse a uno u otro margen.

Igual debe ocurrir con nuestras finanzas personales. No debemos endeudarnos sin necesidad. Vivir con lo que tenemos y si Dios da más, a Él la gloria, aprender a administrar bien cada peso. Las deudas no son aconsejables, como escribió el apóstol Pablo: "No tengan deudas pendientes con nadie, a no ser la de amarse unos a otros. De hecho, quien ama al prójimo ha cumplido la ley. "(Romanos 13:8, Nueva Versión Internacional)

Lo aconsejable en todos los casos, es invertir con el dinero que tenemos sin acudir a las deudas. Dios es nuestro proveedor y nos abrirá las puertas cuando queramos comprar algo. Las Escrituras enseñan que si somos fieles, Él colmará los deseos de nuestro corazón (Salmo 37:4)

Es necesario romper el ciclo

Las deudas son una atadura. Al menos aquellas en las que nos vemos inmersos, no tanto porque requiramos comprar algo, sino por ese afán, casi de avaricia, de tener más y más. Un ejemplo es la situación de bonanza que se produjo hace pocos años en los Estados Unidos y que llevó a disparar las líneas de crédito. Todos compraron de todo. Ahora, en medio de la recesión que azota el mundo, se encuentran al borde del desespero.

Precisamente hace pocos días escuchaba de personas, otrora adineradas, que abandonaban sus propiedades en diferentes ciudades y dejaban los yates a la deriva porque no tenían cómo pagar su mantenimiento.

El primer y más grande paso para salir de las deudas es entender que constituyen una atadura. Dios es nuestro proveedor. Él lo dijo muy claro a través del rey Salomón: "La bendición del Señor trae riquezas, y nada se gana con preocuparse." (Proverbios 10:22, Nueva Versión Internacional) Nos transmite una enseñanza sumamente valiosa: Si queremos algo, el Señor mismo nos lo dará, pero a su tiempo, y no nos traerá tristeza.

Hay tres recomendaciones que comparto con usted: La primera, saque primero el dinero de sus gastos fijos y sólo deje la cantidad, aunque sea mínima, de lo que puede invertir en "aquello que lo tienta". Guárdela en un sitio especial. Será su baúl de gastos innecesarios. La segunda, trate de evitar esos sitios en los que siente que invariablemente sabe que gastará en lo que no necesita, y la tercera, si se enamoró de algún objeto y piensa que "debe tenerlo", dese al menos dos o tres días antes de oficializar la compra. Puedo asegurarle que "la fiebre" pasará y terminará no adquiriendo aquello que consideraba muy necesario.

Pero, en medio de todo, siempre vuelva su mirada al Señor Jesucristo y pídale la fortaleza necesaria para vencer. Recuerde que lo ideal es que todo cuando compremos, sea en dinero contante y sonante, sin acudir a créditos. ¡Con ayuda de Dios podrá lograrlo!

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¿Está preparado para partir a la Eternidad?

Debemos estar preparados... No sabemos cuándo toca partir...

Fernando Alexis Jiménez

Miró el reloj. Apenas las cinco de la mañana. Aún no empezaba a clarear. Era comienzo del año y el sol despertaba tarde entre las montañas, somnoliento y perezoso. “Otro día más….”, se quejó Carlos y dio media vuelta en la cama, procurando infructuosamente cancelar el sueño. Fracasó en su intento, y se dio por vencido. “Esta semana parece interminable”, murmuró frente al espejo, en el cuarto de baño mientras se pasaba la mano por el rostro, calculando el crecimiento de la barba. Concluyó que lo mejor sería afeitarse.

 

Había arrancado varias hojas de calendario. La vida se le  convirtió en un corcho girando en la periferia de un remolino en aguas tormentosas. Creía que no tenía sentido vivir. Todo le resultaba igual de monótono. No encontraba diferencia entre un domingo alegre y carnavalesco, y un lunes lluvioso cuando debía ir al trabajo. Días largos, ensombrecidos, color plomo-

 

--¿Regresas temprano del trabajo?--, le preguntó su madre cuando el joven se disponía a salir.

--No sé, mamá. Tal vez tome un helado con Marcela; pero no creo que demoremos porque debo madrugar. Mañana tenemos comité técnico en la empresa, y como está el gerente, debemos llegar puntuales…--. Se ajustó el chaleco, se colocó el casco y las gafas, y salió sin mayor ceremonia, apurado por el tiempo.

 

A diferencia de otras ocasiones, la motocicleta encendió sin mayor esfuerzo. El muchacho se dirigió rápidamente hacia el viaducto. Quería llegar pronto a la factoría…

 

Sus planes se vieron truncados cuando un camión que pretendía adelantar a otro vehículo, le cerró el paso. El impacto seco contra el parabrisas fue lo último que pudo recordar cuando en medio de una gritería y los comentarios afanados de “Está muy grave; no hay tiempo que perder”, en los momentos desesperados cuando lo ingresaban velozmente al quirófano.

 

--Murió muy joven, con tantos sueños…--dijo su madre el día del funeral--. Apenas tenía veintiséis años y un futuro prometedor. No le alcanzó el tiempo para cumplir todos sus deseos--.

 

Cada domingo al caer la tarde, la mujer visita la tumba en el cementerio para cambiar las flores. Lo extraña muchísimo y le duele profundamente no haberle tenido más tiempo consigo…

 

Este puede ser su último día

 

Jamás tomamos tiempo para pensar que éste podría ser nuestro último día de vida. Es más, cuando alguien nos habla al respecto, solemos reclamarle que no pretenda compartirnos comentarios orientados a llenar de terror la conversación. Siempre pensamos que habrá un mañana, y olvidamos que si hay algo incierto es el futuro.

 

Hace poco tiempo regresaba en avión a mi amada Santiago de Cali. Si algo anhelaba era encontrarme de nuevo con mi familia. Sin embargo, en la mitad del viaje y aunque el piloto procuró encontrar una ruta más segura, la aeronave entró en una turbulencia que me pareció, era la más tenebrosa de cuantas había podido vivir. El aparato parecía precipitarse en cada nuevo vacío que encontraba en medio de la tormenta.

 

Detrás de mí una mujer rezaba y un niño, dos filas de asientos más adelante, lloraba mientras su madre procuraba calmarlo. De nada sirvieron los anuncios desde el altavoz para que conserváramos la calma. Ese día pensé qué podría pasar si fuera mi último instante de vida, antes de partir a la eternidad.

 

Confieso que sentí susto. En los breves segundos que quedaban para pensar, evalué que restaba mucho por hacer. Mi esposa, mis hijos, mis amigos. Tantas personas significativas con quienes todavía restaba aplicar cambios, pedir perdón si les había ofendido y decirle cuánto les apreciaba y llevaba en el corazón.

 

Cuando el avión tomó pista en el aeropuerto, volví a vivir. En aquella ocasión concluí que quizá todavía no estaba preparado para emprender el viaje final. Es probable que sea su caso. Si se identifica conmigo, estoy seguro que me acompañará a lo largo de este artículo que busca llevarlo a reflexionar respectó de cómo se encuentra su relación con Dios, con su cónyuge, con sus hijos y amigos, y en general, con aquellos con quienes interactúa en todo momento.

 

Debemos estar preparados

 

Hay un libro maravilloso en la Biblia que muchos han mitificado pero que encierra profundas verdades y principios que nos ayudan en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Se trata del Apocalipsis y hoy le invito para que estudiemos juntos algunos versículos del capítulo 3.

 

El primer elemento es que sólo Dios sabe cómo está nuestro corazón. Aunque podamos engañar a los demás con un antifaz de hipocresía, el Padre celestial sabe qué hay dentro. De Él no nos podemos ocultar. Por eso, el amado Jesucristo dijo a los cristianos del primer siglo y hoy a nosotros: “Estoy enterado de todo lo que haces y sé que no me obedeces  del todo, sino solo un poco. ¡Sería mejor que me obedecieras completamente, o que de plano no me obedecieras!”(Apocalipsis 3: 15. Traducción en Lenguaje Actual).

 

Una amable señora con la que hablé un día en el terminal de transportes me dijo que no temía partir a la eternidad: “Soy buena. No le hago mal a nadie. Voy a misa cada domingo, y por supuesto, no he matado a nadie. No veo la razón por la que Dios no me recibiera en el paraíso”, explicó.

 

El curso de la conversación cambió cuando hablamos del asunto desde dos perspectivas importantes. La primera, sobre cómo estaba su relación con Dios—al cual tenía alejado de su corazón desde hacía mucho tiempo--, y la segunda, el error de creer que por sus buenas obras tenía asegurada la vida eterna.

 

Invariablemente todos creemos que somos lo suficientemente buenos como para que Dios nos salga a deber. En nuestra ingenuidad consideramos que nos merecemos un buen pedazo de cielo, con vista a la playa y todo. Pero es un tremendo error. Una cosa es lo que creemos y otra bien distinta lo que realmente somos. Al fin y al cabo como lo anotara el profeta, nuestro corazón nos engaña: Ustedes se creen buenos, pero son malos y mentirosos; ¡no tienen remedio! Sólo yo, el Dios de Israel, sé muy bien lo que piensan, y los castigaré por su mala conducta.”(Jeremías 17:9. Traducción en Lenguaje Actual)

 

Jamás olvide que el Supremo Hacedor, en cuyo pensamiento estábamos desde antes que creara el universo, nos conoce hasta en los mínimos detalles. Por ese motivo, debemos hacer un auto examen honesto de cómo anda nuestra vida, y con Su divina ayuda, identificar en qué áreas debemos aplicar correctivos: “Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva”(Salmo 139:24. Traducción en Lenguaje Actual)

 

Es tiempo de ser radicales

 

Cuando descubrimos que nuestra concepción de ser muy buenos, excelentes, dista mucho de la realidad, sin duda concluiremos que llegó la hora de aplicar cambios. Dicha modificación en nuestra forma de pensar y de actuar nos conduce en dos direcciones: la primera, nos pone a cuentas con Dios, y la segunda, nos beneficia y a quienes nos rodean porque a ellos comenzamos a impactarles positivamente, contribuyendo también  en su proceso de crecimiento personal y espiritual. ¡Todos ganamos cuando usted se dispone a cambiar con ayuda del Señor!

 

¿Qué ocurre si deseo seguir como hasta ahora, sujeto a mis propias reglas? Sencillo. Nos encontraremos luchando contra Dios y contra el mundo. El amado Jesucristo fue claro en advertir: “Pero como sólo me obedeces un poco, te rechazaré por completo”(Apocalipsis 3:17. Traducción en Lenguaje Actual)

 

Piénselo por un instante. ¿Qué ocurriría si hoy mismo, en este instante debiera encontrarse con el Señor?¿Qué le diría?¿Que es muy bueno y da limosnas a los niños que piden monedas en los semáforos?

 

¿Bajo qué circunstancias podemos señalar que no estamos preparados para emprender el viaje final? Cuando no honramos a Dios, le desconocemos en nuestro andar diario, no atendemos sus instrucciones y mandatos y, sobre todo, cuando nos profesamos como cristianos pero nuestra vivencia de fe es superficial, sin compromiso.

 

Me causó bastante gracia una película cristiana en la que el protagonista, después de descubrir que pasaba mucho tiempo frente al computador deleitándose en la pornografía, decide destruir el aparato. Un vecino que aprecia  la escena, le indica a su esposa que aquél está rematadamente loco. Pero no hay tal. Lo que estaba asumiendo era una actitud radical frente al pecado. Decidido a apartarse de todo cuanto le distanciaba de Dios, y de una buena relación con su esposa y los demás.

 

Por favor, no me malinterprete. No le estoy diciendo que acabe con todos los electrodomésticos, sino que asuma una actitud vertical, decidida, firme, de desechar todo lo que le lleva a pecar. Recuerde que el primer perjudicado con el pecado es usted mismo. Quienes le rodean también se ven afectados.  Y por supuesto, solazarse con los pecados no hace otra cosa que levantar una brecha con Dios.

 

Aplique correctivos a su vida

 

El propósito de cambio debe ir acompañado por correctivos. Es una invitación que hace Dios a todas las personas:”Por eso, vuélvete a Dios y obedécelo completamente”(Apocalipsis 3:19 b. Traducción en Lenguaje Actual) Es una decisión que nadie más que usted debe tomar. Nadie lo presiona, ni el Señor mismo: “Si tienes oídos, pon atención a lo que el Espíritu de Dios dice a las iglesias”(Apocalipsis 3:22. Traducción en Lenguaje Actual)

 

Recuerde que Dios nos abre las puertas a una nueva existencia. El Señor Jesús dijo a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Yo estoy a la puerta y llamo; si oyes mi voz y me abres, entraré en tu casa y cenaré contigo.”(Apocalipsis 3:20. Traducción en Lenguaje Actual)

 

Después de una conferencia sobre el cambio y crecimiento personal, alguien se me acercó y con ese tipo humor sarcástico y a veces exagerado que nos caracteriza a los colombianos, me dijo:”¿Usted cree que eso de cambiar es tan fácil como soplar y hacer botellas?”. ¡Por supuesto que no! Nuestro amado Padre celestial mismo lo sabe. Conoce sus esfuerzos por cambiar y crecer en las dimensiones personal y espiritual, pero no lo deja solo.

 

Tenga presente que no es en nuestras fuerzas sino en las de Jesucristo, las que Él nos provee, como alcanzamos este propósito. Él dijo: “El discípulo que se mantiene unido a mí, y con quien yo me mantengo unido, es como una rama que da mucho fruto; pero si uno de ustedes se separa de mí, no podrá hacer nada.”(Juan 15:5. Traducción en Lenguaje Actual)

 

La victoria se obtiene cuando cada paso lo damos tomados de la mano del Señor Jesucristo. No lo olvide: no luchamos en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Él nos ayuda a vencer…

 

¿Ya tomó la mejor decisión de su vida?

 

La mejor decisión que toda persona puede tomar, es recibir a Jesucristo en su corazón como su único y suficiente Salvador. Es muy sencillo. Basta con una oración. Allí donde se encuentra, frente a su computador, dígale: “Señor Jesús, reconozco que he pecado y deseo cambiar. Gracias por morir en la cruz por mis  pecados, perdonarlos y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

Si hizo esta oración, como no dudo que haya sido así, le felicito. Ahora tengo tres recomendaciones para usted: La primera, que haga de la oración un principio de vida diaria. Orar, es hablar con Dios. La segunda, que lea la Biblia, un libro maravilloso en el que encontrará principios dinámicos que le ayudarán en el proceso de crecimiento personal y espiritual. Y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Su proceso de crecimiento se afianzará allí.

 

Si tiene alguna inquietud no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es o si lo prefiere, puede contactarme al (0057) 317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

¿Pensó alguna vez quitarse la vida, agobiado por los problemas?

La vida sí tiene sentido. ¡Dios te ama!

Fernando Alexis Jiménez

Si la tristeza pudiera plasmarse en una pintura de variados colores, con degradaciones de negro a gris, ese cuadro sobre lienzo podría verse reflejado en los ojos de Martha Lucía. Había regado tantas veces sus mejillas con lágrimas, que su fuente de llanto se secó y sólo podía transmitir su angustia con una mirada desesperanzada, que se perdía en el infinito a través de la ventana de la habitación de hospital donde se encontraba recluida.

--Mi vida ya no tiene sentido—dijo, sin evidenciar ninguna sensación en su rostro. Impasible y llena de desasosiego.

Su brazo estaba unido a un canal de provisión de suero. Las muñecas de sus manos vendadas. Seis horas atrás se había cortado las venas después de una acalorada discusión con su esposo. “Ya no le encuentro propósito a mi existencia”, reflexionó después del incidente--. Vivir o morir da lo mismo. Al menos si muero, dejo de sufrir”. Minutos después tomó la fatal decisión. La empleada del servicio la descubrió a tiempo, nadando en la sangre que brotaba incontenible de su cuerpo.

Creía que sus problemas no tenían solución. Ya no amaba a su esposo. Sus hijos no le prestaban atención ni le obedecían cuando les llamaba la atención. Tres meses antes la despidieron de su trabajo como auditora en una empresa constructora, y las facturas de cobro por el vehículo que había comprado recientemente, se iban acumulando en un escritorio. Para completar el panorama oscuro, había roto relaciones con su madre.

 --¿Qué puedo hacer?—se preguntaba mientras caminaba sin rumbo fijo por las calles angostas e interminables de la urbanización que habitaba.

Les confieso que personalmente no sabía cómo abordar a alguien que se considera al borde del abismo. ¿Qué palabras podía utilizar para traerle una voz de aliento? Reconocí mi incapacidad frente al asunto tan delicado como el de Martha Lucía. Oré a Dios y comencé a compartir con esta joven mujer los principios que estudiaremos con usted:

Millones en la encrucijada

El hecho de que cada día aparezcan más consultas por estés y ansiedad, evidencian la íntima relación entre estas manifestaciones de inestabilidad emocional con los cada vez más creciente número de personas que no se aceptan a sí mismas. Ven todo con una lente gris. Consideran que la vida no tiene sentido. Incluso, llegan a pensar que el suicidio es la única salida al laberinto que enfrentan.

Presos de la angustia, la incertidumbre y la sensación de que no le encuentran gusto a nada, hombres y mujeres se limitan únicamente  a transitar por la vida. Horas van y vienen e importa poco si es un lunes, o un domingo radiante.

Progresivamente el cúmulo de problemas y la pesada carga que arrastran con su existencia, lleva a decenas de personas en todo el mundo a encerrarse en sí mismas. Entran en una gigantesca burbuja que los margina de todo y de todos. Levantan barreras a su alrededor e interactúan con los demás sólo en lo fundamental. “La vida no tiene sentido”, se repiten una y otra vez, alimentando su desaliento.

Alguien te conoce

Cuando experimentamos períodos de crisis o atravesamos un prolongado desierto signado por el desaliento, creemos que nadie nos comprende. Estamos tan inmersos en un pequeño mundo de desesperanza, que consideramos que nadie podría entender la angustia, dolor, expectativas y desasosiego que nos asaltan.

¿Le ha ocurrido alguna vez? Sin duda que sí. Todos los seres humanos hemos llegado alguna vez a pensar que nadie podría siquiera ayudarnos a salir del callejón oscuro en el que nos encontramos.

¡Pero se equivoca! Hay alguien que no solo le conoce sino que además se interesa en sus problemas. Sabe qué siente usted y desea ayudarle. Ese alguien es nuestro amado Dios y Padre. Él sabe hasta el más mínimo detalle de usted y de mi desde antes de la creación del universo, y estuvo atento a todo el proceso de formación desde que fuimos concebidos en el vientre de nuestra madre.

Así lo ilustró bellamente el rey David cuando escribió: Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.”(Salmo 139:1-3, Nueva Versión Internacional)

Es a Dios a quien debemos y podemos acudir cuando nos encontramos frente a situaciones difíciles. En esas etapas de nuestra vida en las que nos abandonan aquellos que suponíamos ingenuamente que nos iban a brindar su apoyo. Y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos descubrimos que todos salieron, que no escuchamos un consejo sabio o al menos comprensivo y tolerante, y que el panorama luce cada vez más ensombrecido.

Realmente sí somos valiosos

¿A qué se debe el que millones de personas en todo el mundo no se valoran? Lo sabemos bien: a la baja autoestima, que no es otra cosa que la perspectiva que cada quien tiene acerca de su verdadero valor.

Y pienso en Roberto, que por muchísimo tiempo fue el borracho del pueblo. Todos estaban acostumbrados a los patéticos espectáculos que ofrecía en medio de la embriaguez. Es más, muchos esperaban verlo aparecer por la calle principal del caserío al caer la tarde. Llegaba invariablemente dando tumbos ante las risotadas de todos.

Pero un día alguien le habló de su verdadero valor en Dios. No se focalizó en su adicción ni en el ridículo que protagonizaba, sino en el valor real que le asistía como ser humano.

Cuando por fin comprendió que él, con todos sus errores, era realmente motivo de interés para el Supremo Hacedor,  experimentó un cambio dramático. Asumió que beber no era ninguna salida al laberinto sino por el contrario, el elemento que contribuía a restar a su verdadero valor.

Traslade a hora este hecho a su propia existencia. Desconozco cuáles son las fallas que haya cometido por años. Permítame ir más allá: No importa cuántas veces haya caído, incluso en el pecado. ¡Hoy tiene una nueva oportunidad! La misma que le ofrece Dios para cambiar.

Recuerde siempre que además de conocernos hasta en los más mínimos detalles, Él.—nuestro Padre celestial—nos valora enormemente: Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.¡Te alabo porque soy una creación admirable!¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien! Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado cuando en lo más profundo de la era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando aunque no existía uno solo de ellos.”(Salmo 139:13-16, Nueva Versión Internacional)

Dado que Dios es el primero y más grande fundamento para nuestra existencia, podemos desarrollar tres cimientos para elevar nuestra autoestima: “En Dios soy aceptado, soy importante, y soy capaz de hacerlo todo”.

Es cierto que nuestros familiares y amigos a través de su comprensión y apoyo ejercen una poderosa influencia en nuestro ser. Su por el contrario, sólo encontramos crítica y rechazo, ahora sabemos que nuestro amado Dios nos comprende, escucha, ayuda, acepta y fortalece.

En Dios podemos ser transformados

Si Dios nos conoce y examina, hasta lo más profundo de nuestro ser, sólo él conoce áreas en las que debemos cambiar y crecer. Con su ayuda, podemos vivir la transformación que tanto anhelamos. Usted y yo fuimos concebidos a imagen y semejanza de Dios, por tanto, concebidos con una naturaleza especial y enormes  potencialidades para llegar muy lejos, a límites que apenas podemos soñar. ¡Todo es posible para Dios!

El propio rey David escribió: Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.”(Salmo 139:23, 24. Nueva Versión Internacional)

Cuando tomo mi teléfono celular, aprecio la luz que ilumina mi estudio e incluso, mientras digitalizo este material en el computador personal, pienso que todo partió de ideas de personas inquietas que desarrollaron su inventiva y creatividad por encima de las burlas y las críticas. Fueron, y algunos hoy día, han sido seres excepcionales—como lo somos usted y yo—con la diferencia de que ellos sacaron a flote sus enormes potencialidades, aquellas que tal vez tuvieron dormidas por mucho tiempo. ¿Cómo se logra dar lo mejor de nosotros? La respuesta es sencilla: en Dios.

Pueden separarnos del amor de Dios

¿Comete los mismos errores que ayer? ¿Ha llegado a sentirse al borde del abismo, gobernado por el fracaso y la impotencia frente a circunstancias que escapaban de sus manos? La lista de factores que influyen en nuestra vida y que nos inducen a pensar que jamás podremos cambiar o salir adelante, es interminable.

¿Acaso las circunstancias o las personas pueden apartarnos del amor y verdadera valoración que Dios tiene de nosotros? En absoluto. El apóstol Pablo lo explicó con claridad al escribir: Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios,  ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”(Romanos 8:38, 39. Nueva Versión Internacional)

A Juan Franco lo encontró agobiado por el peso de haber caído nuevamente en el consumo de drogas. Arrastrado por el dolor de volver atrás. Llevaba tres meses consumiendo estupefacientes. Lo hacía después de haber logrado escapar de ese flagelo y tras concluir favorablemente un proceso de rehabilitación. Había contraído matrimonio con una joven bonita e inteligente, y tenía un trabajo del que derivaba buenos ingresos. Ahora se encontraba en una encrucijada.

--No tengo solución. Soy un caso perdido--, me dijo con tono de derrota en su voz.

--¿Has orado?--, le pregunté.

--No; creo que mi error es tan grande que Dios no escucharía mis oraciones--. Esta muy apesadumbrado.

Hablamos un buen rato, hasta que comprendió por la Biblia que Dios lo seguía amando y quería darle una nueva oportunidad. ¡Debía aprovecharla para reemprender el proceso de cambio y de crecimiento personal y espiritual!

La vida sí tiene sentido. ¿La razón? Usted es valioso para Dios, de una manera que usted jamás llegará a comprender en su verdadera dimensión: En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de  nuestros pecados.”(1 Juan 4:10, Nueva Versión Internacional)

Lea el texto cuantas veces considere oportuno. Asimile el hecho de que Dios lo valora y lo acepta con debilidades y errores, y quiere ayudarle en el proceso de cambio. ¡Hoy es el día para emprender el cambio hacia ese cambio que tanto desea! Depende de usted y de nadie más que de usted. ¡Con ayuda del Señor Jesucristo podrá lograrlo!

A propósito ¿Ya tiene a Jesucristo en su corazón?

Recuerde que el más grande paso que podemos dar, es recibir a Jesucristo en el corazón como único y suficiente Salvador. Hoy es el día para que lo reciba. Dígale en oración: “Señor Jesús, reconozco mis pecados y te agradezco que viniste a morir en la cruz para borrar mis faltas, traerme perdón y abrirme las puertas a una nueva vida. Te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Como sin duda dio este paso, tengo tres recomendaciones finales para usted: la primera, que aprenda diariamente en la Biblia los principios maravillosos que le permitirán crecer en las dimensiones personal y espiritual; la segunda, que haga de la oración un principio de vida. Es esencial y además, valiosa para su ser. Por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida jamás será la misma!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no deje de escribirme a fernandoalexis@aol.es y si lo prefiere, llame al (0057) 317- 4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

¿Cómo alcanzar paz interior y vivir plenamente?

¡Tú puedes lograrlo! Es posible alcanzar éxito en nuestra vida

Fernando Alexis Jiménez

La conocían como Doña Amargura. Tenía cuarenta años, pero parecía de cincuenta, con muchas arrugas surcando su rostro y la tristeza reflejada en el rostro, la misma que le robaba encanto a su sonrisa. Era devota católica y no fallaba a misa de domingo. Incólume, insensible, con el ceño fruncido.

 

Las personas la miraban con reticencia y en más de una ocasión, los niños le gritaron: “Vieja bruja…” y salían corriendo.

 

Incluso se llegó a rumorar, que su casa era cuna de espantos. Tal vez porque vivía en esa soledad tan pesada, que se podía palpar con las manos.

 

Ah, y no me deje olvidar de un detalle que le llamará la atención: no tenía amigos porque con todos reñía. Laura se había convertido en el problema del pueblo. La amargura destilaba por sus poros. Algunos la atribuían al hecho de que su esposo había muerto muy joven, mientras hacía un viaje a la capital. Otros, al hecho de que no tuvo hijos.

 

Un día alguien, audaz y en cierta medida sin medir el alcance de las consecuencias, se atrevió a abordarla para hablarle del poder transformador de Jesucristo.

 

--Váyase de mi casa ahora mismo, o le voy a echar agua…--lo amenazó fuera de sí.

 

Su eventual interlocutor no se inmutó. Le extendió una Biblia ajada y la retó a leerla. Ella le cerró la puerta en las narices. Y aunque tiró a un rincón el ejemplar de las Escrituras, una noche comenzó a leerla y le impactó un pasaje que sería la entrada a una vida renovada: “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Juan 10:10 b)

 

Desde ese momento se arriesgó a creer y su vida comenzó a experimentar cambios.  El cambio no se produjo de la noche a la mañana, fue progresivo. Y esa transformación le llevó a algo que jamás imaginó, aunque lo anhelaba: la paz interior.

 

Hoy ayuda como maestra de Escuela Dominical en la iglesia en la que se congrega. “Ahora sí puedo decir que vivo plenamente”, señala Laura con una amplia sonrisa.

 

¿Desea el éxito? Sin duda que sí. Todos lo deseamos. Está en nuestros genes. Forma parte de nuestro ser y debe ser así, porque Dios nos concibió para ser triunfadores. En ese orden de ideas, la dirección a seguir es aplicar una cuarta Ley del Reino de Dios: Paz Interior.

 

El gran interrogante es, ¿cómo lograrla? Y para entender el asunto, es necesario que evaluemos lo que roba la paz interior, en su contexto, y cómo superar los obstáculos que se nos presentan.

 

Situaciones que nos afectan

 

Una encuesta publicada por el diario El País, de amplia circulación en Colombia, referente a cuáles eran los factores externos que incidían negativamente en la salud mental de las personas, reveló que para el 69%, eran los problemas económicos; un 11% opinó que las dificultades intrafamiliares; un 15% expresó que le desencadenaban inquietudes las discusiones con la pareja y un 5% que otros aspectos estrechamente ligados a las relaciones interpersonales. En total se auscultó el criterio de 1.086 hombres y mujeres.

 

Todos coincidieron en señalar que los obstáculos y las dificultades desencadenaban inestabilidad en sus emociones e incidían negativamente en su forma de ver la vida.

 

Economía y familia

 

A este estudio me permito sumar otro de trascendencia. La Secretaría de Salud Municipal en Santiago de Cali informó que en la ciudad anualmente se atiende a 20 mil personas con tensión nerviosa producto de la ansiedad. En su orden, los especialistas identificaron tres factores que influyen en la desestabilización emocional de las personas: los problemas económicos, las crisis familiares y los conflictos de pareja.

 

Como consecuencia de experimentar la sensación de encontrarse en un callejón sin salida y que sus problemas nunca tendrán fin, tan solo en el 2009 se presentaron 275 intentos fallidos de suicidio protagonizados por 170 mujeres y 96 hombres.

 

Las personas que han sufrido estas alteraciones, producto de la problemática, suelen preocuparse demasiado y tienen muchos momentos de ira y estrés”, precisó Beatriz Isaza, Coordinadora de Salud Mental en dicha dependencia.

 

En Colombia y el mundo

 

La inestabilidad emocional es un problema grave. En Colombia, 25 de cada cien personas la enfrentan, de acuerdo con los registros que maneja el Ministerio de Protección Social. Una situación muy similar a lo que ocurre en el resto del Continente Americano.

 

Ahora, el panorama mundial también resulta desalentador en este aspecto:

 

Las estadísticas hablan de 450 millones de hombres y mujeres afectados anualmente por las consecuencias de los problemas que enfrentan cada día.

 

Para encontrar una salida al caos en que se ha convertido su mundo interior, 1.000.000 de estas personas acuden al suicidio. Y algo más preocupante aún: del conjunto de quienes se encuentran atravesando por estados de crisis, se estima que el 50% no tienen acceso a servicio médico ni consultan por su caso ante un especialista.

 

Paz interior, la clave

 

Hace pocos días los diarios del mundo registraron una noticia particular. El deceso de una venerable mujer. No era un deceso más, sino de aquellos que ocurren una vez cada siglo, que convoca a las autoridades de las ciudades y se tornan en comentario nacional.  

 

Había fallecido Margaret Fitzgerald  en Moncton, Inglaterra, una de las quince personas con más edad en el mundo. Tenía 113 años, pocos días después de su último cumpleaños.

 

--Vivió la vida plenamente.—comentó su sobrina Iliana, mientras que su tataranieto Robert, atribuyó el hecho a su fe y a la tranquilidad en su vida--. Amaba a Dios y se llevaba bien con todos. Era una mujer muy tranquila--.

 

Cuando Margaret nació, la reina Victoria de Inglaterra seguía siendo la monarca del Imperio Británico, y a los siete años vio asombrada, con ojos que captaron para siempre la imagen aparecida en los periódicos, de los hermanos Wright cuando realizaron el primer vuelo en un aeroplano impulsado por un motor.

 

Sus progenitores murieron a los noventa años de edad, y algo curioso, ella asistió al funeral de su único hijo. Las escenas más memorables de su existencia quedaron plasmadas para la posteridad en flores color sepia que se han ido desgastando con el paso de los años.

 

La clave, coincidieron en asegurar quienes le conocieron, fue la fe en Dios y la paz interior que gobernaba su ser.

 

Paz que sobrepasa todo entendimiento

 

Piénselo. En su vida necesita Paz Interior, una de las leyes universales del Reino de Dios.

 

El caso de Margaret Fitzgerald  no se repite con mucha frecuencia. Los problemas llevan a millones de personas anualmente a morir antes de tiempo, por enfermedades e infartos que reducen sus expectativas de vida.

 

Con fundamento en la Biblia, el libro más maravilloso de todos los tiempos, me permito compartir con usted algunos principios que le permitirán poner orden en su mundo interior y encontrar la verdadera paz, aquella que tanto necesita para enfrentar exitosamente los problemas que enfrenta cada día.

 

1.- Una buena relación con Dios

 

El equilibro espiritual es esencial para avanzar en el proceso de afianzar un reordenamiento del mundo interior. En ese orden de ideas un paso esencial que debe dar toda persona, es tener una buena relación con Dios.

 

Uno de los patriarcas de la antigüedad lo expresó en términos sencillos que encierran un profundo significado: Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.”(Job 22:21)

 

Aun cuando se arrepintió de sus años de maldad, Juvencio Mosquera vivió por años escondido en un pueblo remoto de Bolivia tras una vida de maldad en la que dejó familias huérfanas y huellas impregnadas de tristeza y dolor.

 

Sólo vino a tener paz, el día en que reconoció que esa afanosa búsqueda de refugio, en la que no hallaba sosiego porque aún en el lugar más recóndito sentía que alguien o algo lo perseguían, el día que pidió perdón a Dios.

 

Luego, tranquila su conciencia, vino un segundo paso que le permitió afianzar la paz interior: a través de un amigo de su país de origen, se dio a la tarea de conseguir las direcciones de las familias en las que había sembrado tanta angustia con robos y crímenes. Y en un espacio de siete meses, envió doscientas veinte cartas pidiendo perdón.

 

Ahora puedo vivir tranquilo, porque me perdonaron. Y si alguien aún conserva su odio, se que Dios tocará su vida para que algún día lo hagan”, señala con una sonrisa que ilumina su rostro.

 

La conciencia de pecado nos roba la tranquilidad. En tanto no estemos a cuentas con el Señor, sentiremos la sensación de que algo nos falta. Por esa razón, hay tres pasos recomendables: el primero, arrepentirnos por las fallas cometidas hasta ahora; el segundo, pedir perdón a Dios por nuestros pecados, y el tercero, disponernos para el cambio con Su divino poder.

 

2.- Alimente el hábito de la alegría

 

Recientemente en Colombia se realizó el Primer Congreso Internacional de la Felicidad. Los expertos coincidieron en señalar que el problema del ser humano es que confunden felicidad con estado de ánimo, y por el hecho de que son variables, lo que hoy llaman estar feliz, en cuestión de horas y minutos puede ser preocupación o amargura. La verdadera felicidad, explicaron los especialistas, parte de un principio de vida, que es de carácter permanente.

 

Ahora, si queremos que se produzca el afianzamiento de esa felicidad no producto de las circunstancias sino como un principio de vida, debemos tener paz interior, la misma que parte de una buena relación con Dios. Él es el dador de la felicidad como describió el rey David: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado. ”(Salmo 4:7, 8; Cf. Salmo 29:11)

 

La paz interior permite que tengamos tranquilidad y dominio de la situación, cualquiera sea la situación que enfrentemos, adversa o favorable.

 

3.- Asumir sólidos principios bíblicos

 

Cuando le hablaban de la Biblia, Silvio se enfurecía. “No tengo tiempo para asuntos de religión”, repetía con rabia y destellos de fuego en su mirada. Estaba convencido que su mundo, aquél al que estaba acostumbrado y que representaba una realidad distinta de la que vivían los demás, era lo mejor y no quería intromisiones.

 

--Debes cambiar, hijo—le dijo su madre un día, mientras tomaban el desayuno. Se veía cansada--. Temo que, una vez solo, no sepas manejar tu vida y tengas problemas con todo el mundo--.

 

--Despreocúpate, mamá—le dijo él--. Creo que el problema no está en mi sino en los demás que no me comprenden--.

 

Cuando terminaron la conversación, la mujer que arrastraba con pesadez todo el cúmulo de sufrimientos producto de un esposo borracho que falleció en un accidente de tránsito, totalmente embrutecido por el alcohol, y el desaliento por un hijo rebelde, le extendió un ejemplar de la Biblia.

 

--Descubrirás que es un libro maravilloso—comentó, mientras le extendía el ajado texto.

 

Él lo guardó en un cajón donde almacenaba aquello que se repetía, iba a botar apenas tuviera tiempo.  Y no tomó conciencia de que estaba ahí, sino cuatro meses después de fallecida su madre. Fue entonces que descubrió en la Biblia un infinito tesoro que le ayudó en su proceso de tener paz interior y de llevarse bien con Dios y con quienes le rodeaban.

 

Para muchas personas, la Biblia es un libro filosófico o de carácter religioso. Sin embargo, cuando profundizamos en su estudio descubrimos principios prácticos y sencillos, que nos ayudan al crecimiento en dos dimensiones, la personal y la espiritual

 

Asumir esas pautas bíblicos, nos ayudan a alcanzar y conservar la paz interior: Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”(Salmo 119:165)

 

¿Cuál es la razón? Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los principios bíblicos, se produce una transformación en nuestra forma de pensar y de actuar. Y eso es esencial en la aplicación de esa cuarta e infalible Ley del Reino de Dios: Paz Interior.

 

4.- Reconozca que hay situaciones que se salen de las manos

 

Con frecuencia nos llenamos de preocupaciones porque queremos resolver todos los problemas. ¡Tremendo error! Es necesario aceptar que hay situaciones que son ajenas a nuestra voluntad y cuya resolución no depende de nosotros; muchos asuntos se salen de nuestras manos.

 

Asumir este principio de vida, nos ayuda en el proceso de alcanzar y conservar la paz interior, como enseñan las Escrituras: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.”(Isaías 26:3, 4)

 

Si hay problemas que nos parecen verdaderos gigantes, debemos ir a alguien cuyo poder es ilimitado, mucho mayor que cualquier capacidad que usted y yo tenemos: ese alguien es Dios. Confiar en Él. Depositar toda nuestra esperanza en Él, que todo lo puede y nos ayuda a encontrar salida al laberinto.

 

5.- La paz interior, una decisión personal

 

En el proceso de afianzar esa cuarta Ley del Reino de Dios, tenga presente que Dios no nos concibió para vivir amargados sino “…que a paz nos llamó Dios. ”(1 Corintios 7:15  b)

 

Sobre esta base, cada quien decide si se amarga o por el contrario, con ayuda de Dios, avanza hacia el afianzamiento de la paz interior en su existencia. Nadie nos obliga. Insisto que se trata de una decisión personal.

 

El apóstol Pedro, por su parte, reafirmó este principio cuando escribió a los cristianos del primer siglo y a nosotros hoy: “Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño;   apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. ”(1 Pedro 3.10, 11).  Cuando optamos por la paz, esa paz gobierna nuestra forma de pensar y de actuar: Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”(Colosenses 3:15)

 

Piénselo por un instante: usted puede optar, con ayuda de Dios, por esa tranquilidad que le permite dar pasos sólidos hacia una vida plena: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”(Filipenses 4.7).

 

En adelante, recuérdelo siempre: la decisión de amargarse o vivir con alegría, gobernado por la paz interior, es suya y nada más que suya.

 

6.- Jesucristo, la fuente de la paz interior

 

Si tenemos claro que la paz interior no depende de lo variables que pueden ser los estados de ánimo; que en tanto hayan preocupaciones, estaremos ansiosos y que hay problemas que no está en nuestras manos resolver, es necesario aprender otro principio: una estrecha dependencia del Señor Jesucristo.

 

El amado Salvador es la fuente de la verdadera paz, como lo dijo a sus discípulos y también a nosotros hoy: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”(Juan 14:28). Un poco más adelante, dirigiéndose a una multitud, reafirmó que de Él procede la verdadera paz: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”(Juan 16.33)

 

El asunto esta en mantenernos unidos a Él. Permitir que Jesús gobierne nuestro ser: lo que pensamos y hacemos. Esa disposición nos lleva a conservar la paz interior que convierte a hombres y mujeres en auténticos vencedores, por encima de las circunstancias.

 

Para terminar, una pregunta: ¿Se proclama cristiano? Si es así: ¿Por qué vive asediado por la amargura y la frustración? Recuerde que la paz interior es un principio esencial del reino de Dios, como enseñó el apóstol Pablo: …porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”(Romanos 14.17)

 

El Señor nos creó para vivir plenamente; para optar por la paz interior, que el mundo asocia con felicidad. ¡Hoy es el día para tomar la decisión y avanzar hacia el cambio!

 

Si tiene alguna inquietud, por favor no deje de escribirme a fernandoalexis@aol.es  o contactarme en el teléfono (0057) 317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

¿Qué hacer cuando no vemos la salida del laberinto?

¿Tu vida se encuentra al borde del abismo?

Fernando Alexis Jiménez

Susan Sarandón protagoniza una película que impactó al pueblo latinoamericano. "Thelma y Lois". Fue éxito de taquilla en la década de los noventa. En particular la escena final genera multitud de sentimientos. Temor, angustia, desesperación, incertidumbre. Las dos mujeres se encuentran en el viejo automóvil a pocos metros del Gran Cañón, en los Estados Unidos. Detrás, decenas de policía amenazan con disparar si no se rinden. Delante el vacío. No hay salida. ¿Recuerda? El filme concluye cuando aceleran el auto para lanzarse al precipicio...

¿Cómo se resuelven problemas cuando el panorama –como en las imágenes de la cinta cinematográfica—se encuentra tan ensombrecido que nos sentimos al borde del abismo? Esta pregunta ha asaltado por años a hombres y mujeres inmersos en profundas crisis cuando todo alrededor parece estar en contra y las soluciones no se aprecian en la distancia.

Estos raptos de angustia suelen ocurrir con frecuencia y toman por sorpresa la vida del cristiano. Esa razón lleva a que el impacto sea mayor. Generalmente no estamos preparados para los momentos difíciles sino para las circunstancias agradables. Si nos ofrecieran la posibilidad de escoger, sin duda nos inclinaríamos por la línea que demande menor esfuerzo.

Desde los líderes hasta aquél que recién aceptó a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, todos en conjunto experimentamos épocas traumáticas. Alrededor las cosas lucen sin color, grises, como la antesala de una lluvia torrencial.

No es una disyuntiva nueva

Encontrarse al borde del abismo sin saber qué camino tomar no es algo nuevo. Siempre ha golpeado a hombres y mujeres en todas las épocas de la historia humana.

La Biblia contiene el registro de alguien que se encontró sumido en un laberinto sin aparente salida. Fue el profeta Eliseo. Era perseguido por los Sirios. El rey de aquella nación había ordenado: "—Averigüen dónde está para que envíe yo unos hombres a que lo capturen" (2 Reyes 6:13. Versión Popular "Dios habla hoy"). Con esta sentencia buscaba quitarlo de en medio ya que por revelación de Dios conocía sus planes con antelación y los echaba por tierra al alertar al pueblo de Israel.

Quienes estaban en su búsqueda llegaron a la ciudad de Dotán, donde se encontraba. Ellos rodearon la ciudad...

Primer paso: Vencer la incertidumbre

Las Escrituras señalan que "A la mañana siguiente se levantó el criado de Eliseo, y al salir vio aquél ejército que rodeaba la ciudad con caballería y carros de combate; entonces fue a decirle a Eliseo:--Y ahora, maestro, ¿qué vamos a hacer?" (2 reyes 6:15).

Aunque usted y yo estemos al servicio de la obra de Jesucristo es inevitable que en medio de la crisis experimentemos sensaciones que nos roban la paz. La incertidumbre es una de ellas. ¿Acaso no hemos visto a Dios obrando? Por supuesto, pero la vacilación es un estado emocional que está a la puerta cuando consideramos que todo punto de fortaleza en el que hemos confiado, se desmorona ante nuestros ojos.

Viene ahora la pregunta apenas natural: ¿Cómo vencer la incertidumbre? La respuesta es necesario asimilarla como un principio de vida en nuestro corazón: Depositando nuestra confianza en Dios tras reconocer que logramos la victoria no en nuestras fuerzas humanas y limitadas, sino en las fuerzas de Dios.

Segundo paso: La oración llevando a Dios nuestra crisis

Si estuviéramos en el lugar, en aquél instante, podríamos apreciar el rostro inmutable de Eliseo. Escuchó a su criado con calma. Luego midió cada una de sus palabras para que el impacto no fuera traumático para aquél hombre que le observaba con gesto de desconcierto. "Eliseo le respondió:--No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros que los que están con ellos" (versículo 16).

Tercer paso: Mirar los problemas con los ojos de Dios

Cuando depositamos nuestra confianza en el Señor, aprendemos a mirar los problemas no en la dimensión que humanamente los apreciamos, sino con los ojos de Dios:

"Y oró Eliseo al Señor, diciendo: "Te ruego Señor, que abras sus ojos, apara que vea." El Señor abrió entonces los ojos del criado, y este vio que la montaña estaba llena de caballerías y de carros de fuego alrededor de Eliseo" (versículos16, 17).

¿Qué marcó la diferencia? No fue la fortaleza de la ciudad de Dotan. En absoluto. Fue un hombre de Dios que se encontraba en el lugar. Gracias a Él, Dios respaldaba la seguridad de aquél poblado. Usted y yo, en nuestra condición de cristianos consagrados, marcamos la diferencia.

En noviembre de 2004 un fuerte movimiento de tierra que alcanzó los 7.2 grados en la escala de Richter y que duró alrededor de veinticuatro segundos, averió cerca de cuatrocientas viviendas y apartamentos en Santiago de Cali y su área de influencia.

Expertos que fueron consultados acerca de la dimensión del movimiento telúrico concluyeron que, dado el impacto, pudo haber destruido gran parte de la ciudad que sobrepasa los dos millones de habitantes. No se explican por qué los daños no fueron mayores.

Al respecto varios pastores y líderes cristianos reunidos en oración llegamos a una conclusión: fue por el creciente número de cristianos que residen en esta metrópoli que Dios manifestó misericordia. ¿Arrogante? En absoluto. Si conoce nuestra amada ciudad sabrá que es una de las más disipadas en cuanto a la vida moral, y aunque nos duela admitirlo, también en farmacodependencia. Hace mucho rato pudo producirse el juicio de Dios, pero Él ha sido fiel a su pueblo y nos ha guardado.

No lo olvide jamás: los hombres y mujeres de Dios marcan la diferencia...

Cuarto paso: Ore a Dios

Cuando la tormenta arrecia antes que salir corriendo debemos aumentar nuestra oración. En este pasaje en todo momento apreciamos a Eliseo clamando delante de Dios.

"Cuando ya los sirios iban a atacarlo, Eliseo rogó al Señor: "Te pido que dejas ciega a esta gente". Y el Señor los dejó ciegos, conforme a la petición de Eliseo. Entonces Eliseo les dijo: --Este no es el camino, ni es esta la ciudad que buscan. Síganme, y yo los llevaré hasta el hombre que buscan" (versículos 19, 20).

Se requiere sin duda mucha confianza en el Creador para permanecer firmes en semejante peligro. Pero quien deposita su esperanza en el Creador, permanece firme.

Quinto paso: Obre siempre como cristiano

Estamos de acuerdo con el hecho de que Eliseo no era cristiano, pero era un profundo servidor de Dios. Y obraba en consonancia. Recordarán que guió a los sirios hasta Samaria, cabecera del gobierno israelita, donde estaban los escuadrones del ejército favorable a Eliseo. "Y cuando el rey de Israel los vio, preguntó a Eliseo:--¿Los mato, padre mío, los mato? Pero Eliseo respondió:--No, no los mates. ¿Acaso acostumbras matar a quienes has hecho prisioneros con tu espada y con tu arco? Dales de comer y beber, y luego devuélvelos a su señor. Se les hizo entonces una gran fiesta, y comieron y bebieron. Luego el rey los despidió..." (versículos 21-23).

La misericordia quedó de manifiesto en las actitudes de Eliseo. Hizo el bien a quienes buscaban matarlo. Obró como creyente, tal como debe hacerlo usted. Amor en lugar de odio.

Cuatro principios que comparto con usted, fundamentados en las Escrituras, bajo el convencimiento de que constituyen un instrumento eficaz para salir airosos en los períodos de crisis...

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705

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El líder es ante todo un servidor

Tú fuiste concebido por Dios para ser un líder

Fernando Alexis Jiménez

Nos animó. A todos. Cursaba tercer año en el Seminario donde cursé la carrera teológica. Y el pastor nos dijo: "El próximo sábado salimos a las calles a distribuir tratados". Estábamos entusiasmados. Colocamos el sello indicando la dirección donde nos reuníamos. Y salimos. "¿Pastor, no irá con nosotros?", le preguntamos. "Ya los alcanzo. Voy a quedarme orando", respondió.

Después de muchas vueltas, entregando material evangelístico, lo encontramos en un establecimiento público tomándose un refresco. No supo qué decir. No tenía excusa. Y puedo asegurarle, el contagio de desánimo entre nosotros no se puede describir con palabras.

Otro caso. De un amigo que cursó conmigo estudios en el Seminario Bíblico. Humilde, sencillo, descomplicado. "Deseo servir a Dios", decía. Y parecía sincero. A decir verdad, no terminó su formación teológica, pero era –no se si lo siga siendo—un hombre temerario en Dios, y de mucha oración.

Abrió una congregación. Seguía siendo humilde. Pero cambio. Cuando ya la congregación era una de las más grandes de Santiago de Cali, se tornó arrogante. Cierto día, en una reunión, lo hallé. No me dijo como antes: "Hola…", simplemente levantó sus cejas en remedo de saludo y siguió adelante. Alguien que estaba junto a mi, observó: "Lástima, ya no es el mismo de antes".

Liderazgo es servicio, no creer que la posición nos hace más importantes y que no debemos siquiera saludar a quienes estuvieron con nosotros, olvidando que usted y yo somos lo que somos, por la gracia de Dios, pero también por la sumatoria de apoyos que Él nos ha dado a través de muchísimas personas.

De ejemplo con su servicio

Impartir instrucciones a los demás, pero no comprometernos, termina contagiando a los demás de desánimo. Ascendemos en posiciones y ocupamos nuevos cargos, no para eximirnos de lo que antes hacíamos, sino para hacerlo con excelencia.

El Señor Jesús dejó una maravillosa enseñanza que comparto con usted: "Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis." (Juan 13:12-17).

El primero en servir, fue nuestro amado Salvador. No le importó ser el maestro para tomar una toalla y un lebrillo y lavar los pies de sus discípulos. Ejemplo ara los líderes de nuestras iglesias y en el campo secular. ¿Acaso su investidura les impide servir con la humildad que tuvieron al comienzo? En absoluto. Es más, deberían intensificar su disposición de servicio.

Recuerde que con ayuda de Dios podemos cada día ser mejores y evidenciar el camino al éxito, es decir, crecimiento en las dimensiones personal y espiritual.

Ábrale las puertas a Jesucristo

Lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano, es tener un encuentro personal con el Señor Jesucristo. Es sencillo. Basta abrirle las puertas del corazón con una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesús, te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonar mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Amén”

Como sin duda hizo esta oración, le felicito. Ahora que tiene a Cristo en su corazón, tengo tres recomendaciones. La primera, que ore diariamente. Saque un tiempo para hablar con Dios. Le ayudará en su crecimiento espiritual. La segunda, que lea la Biblia. Allí aprenderá principios maravillosos que le conducirán al crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana donde se enseñen principios bíblicos.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es  y le comparto mi teléfono dispuesto para cualquier situación de consejería (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez

¿Estás creciendo con los problemas?

Todo depende de la actitud que asumas frente a los problemas

Fernando Alexis Jiménez

El consultorio médico era una réplica de todos cuantos había visto en sus veinte largos años de enfermedad. Padecía diabetes. La descubrieron a tiempo. A partir de entonces comenzó su largo trasegar de un especialista a otro.

--Los volúmenes de azúcar están disparados—diagnosticó el galeno.

--Pero si no he consumido ni un gramo...—se defendió.

--No lo dudo, pero mira lo que dicen las pruebas de laboratorio—le respondió el profesional mientras le extendía el documento.

Al salir del hospital sintió una profunda tristeza, y rabia con Dios. "¿Qué he hecho yo para merecerme tanto sufrimiento?", se preguntaba.

Se detuvo. Es probable que quienes pasaban a su lado y le veían murmurando, pensaran que estaba loco. No le importó. "¿Por qué me ocurre esto a mí, Señor Jesús? ¿Acaso no pudiste protegerme?", decía. Sus pensamientos, que se superponían unos a otros con una rapidez extraordinaria, le llevaron a pensar que no valía la pena congregarse en ninguna iglesia.

¿Por qué culpar a Dios?

No es el primer caso y, sin duda, tampoco será el último. Son decenas de hombres y mujeres los que atribuyen a Dios todo lo malo que les ocurre.

¿Por qué obran así? porque todavía no han conocido los sentimientos del Dios y Padre que nos creó. Cuando vamos a las páginas de la Biblia leemos: "Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre" (Salmo 112:1-3).

Los planes de Dios son maravillosos para usted y para mí. No obstante ocurren situaciones, que si bien es cierto Él podría modificar, forman parte del proceso que se da en cada ser humano. En la mayoría de los casos es genético, o quizá, fruto de la intervención humana. Lo que sí hace nuestro poderoso Señor es obrar milagros.

Mire cada situación que ocurre alrededor suyo, como una oportunidad para que Dios sea glorificado en las circunstancias que le rodean. Si le permite obrar, Él lo hace. Es un Dios de poder y de milagros.

Una explicación de Jesús

En el evangelio de Juan leemos que en cierta ocasión el Señor Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. "Y le preguntaron sus discípulos, diciendo:"Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él" (Juan 9:1-3).

La inclinación de toda persona es encontrar a quién culpar. El relato no fue la excepción. Querían inculpar al invidente o bien, a sus progenitores. Nada más cómodo que hallar a quién imputar de lo malo que ocurre. Jesucristo advirtió tajantemente que no esta bien su razonamiento. Por el contrario, anotó, todo aquello iba a ser instrumento para que el poder de Dios se glorificara en las circunstancias.

"Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo" (versículos 6 y 7).

El ciego pero también las personas que estaban alrededor, pudieron apreciar la manifestación poderosa de Dios. "Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían; ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy" (versículos 8 y 9).

Es probable que las circunstancias que atraviesa no pueda explicárselas, sin embargo si usted en el centro mismo de la voluntad de Dios, encontrará que la aparente dificultad puede constituirse en instrumento de bendición.

Todo tiene un propósito

El apóstol Pablo explicó que todo cuanto acontece, si estamos en los caminos de Dios, tiene un propósito en los planes del Altísimo. Él escribió: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a lo que conforme a su propósito son llamados." (Romanos 8:28)

¿Por qué nos desesperamos? Porque nuestro razonamiento humano lleva a que tengamos una perspectiva derrotista y negativa de lo que ocurre alrededor nuestro.

¿Qué espera Dios? Que haya en nosotros una espera paciente, confiada y revestida de fe en Él. La Palabra dice: "Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados." (Salmo 22:3-5)

Dios no es el culpable de cuanto le ocurre, pero sí le puedo decir algo: Dios puede convertirse en el artífice para que se produzca un cambio en las circunstancias que ocurren con su vida. ¿Está dispuesto a esperar en Dios?

Ahora, si desea que le ayudemos a interceder en oración, no dude en escribirnos.

© Fernando Alexis Jiménez –

Email fernandoalexis@aol.com  

Contacto: (0057)317-4913704

¿Qué derecho teníamos a recibir perdón?

Dios nos perdonó. Es hora de perdonarnos.

Fernando Alexis Jiménez

La cara de sorpresa que mostró el agente policial no podía describirse. Aquél joven estaba frente a su escritorio confesando que llevaba varias semanas con unas valiosas obras de arte robadas de casa de un millonario de la ciudad.

--Lo hice porque no tenía para consumir drogas. Pero estoy arrepentido. Ni siquiera me atreví a ofrecer los cuadros y antigüedades a nadie. Aquí están...--explicó.

El alto oficial hizo dos llamadas, luego lo condujo a la celda. No había transcurrido un día cuando José fue llamado por un guarda. "Puede irse—le dijo--. El propietario retiró los cargos y habló a su favor".

No podía creerlo. ¡Merecía varios años de cárcel! Cuando preguntó la rezón, el comandante le explicó que tras conocer de su arrepentimiento, el dueño de las pinturas y los valiosos objetos, había decidido darle una nueva oportunidad.

Ya Dios nos perdonó, ¿Por qué no te perdonas tú?

He aquí una ilustración práctica de lo que Dios hizo con usted y conmigo. Nos perdonó. Todas nuestras maldades ameritaban que estuviéramos en condenación. Sin embargo no fue así. Sin que lo mereciéramos, nos perdonó.

El amado Señor Jesús murió en la cruz. Su sacrificio hizo posible este milagro, que nos abre las puertas a una nueva vida. El apóstol Pablo explicó a los cristianos de Colosas en el primer siglo y a nosotros hoy: "… ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal. Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo" (Colosenses 2:13-16, Nueva Versión Internacional).

Con frecuencia vienen a nuestra mente pensamientos que nos acusan sobre el pasado. "¿Cómo pretendes cambiar si fuiste esto o aquello…?". E inmediatamente, como en una película underground, se traslapan imágenes del pasado, de cuanto hicimos mal. Pero es ahí cuando debemos recordar que por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, usted y yo fuimos perdonados. No importa cuánta maldad obramos. ¡Fuimos perdonados!¡Dios lo hizo por misericordia!

Hay quienes atribuyen esa sensación de acusación permanente, a razones sicológicas. Los cristianos sabemos que es una estrategia de Satanás para impedir nuestro crecimiento personal y espiritual. Por eso, cada vez que nos amedrenta con ideas falsas, acusándonos de un ayer de pecado, le recordamos que tales pecados fueron perdonados y limpiados por su preciosa sangre en el monte del Gólgota.

Dios ya nos perdonó nuestros pecados. Ahora quien debe perdonarse es usted mismo. Es un principio clave y fundamental para avanzar en el proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela.

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Dios nos ofrece una nueva oportunidad

¡Puedes comenzar de nuevo hoy!

Fernando Alexis Jiménez

Las lágrimas surcaron su rostro. Despacio. Como rocío de la mañana. Su tez negra se perló con cada nueva gota que escapaba hasta llegar a sus labios y proseguir en ese tránsito interminable que sólo puede ser descrito con una palabra: emoción. Getahum abrazó a su esposa Azab y a su hijo Betamary. Los cubrió con sus brazos de gigante. Les transmitió toda la ternura que embargaba su corazón.

Hacía tres años que no compartía un momento así. Por eso, aquél momento resultó inolvidable. La última vez que vio a su mujer, ella lloraba. La doblegaban la tristeza y la angustia. "Nos veremos de nuevo", le prometió para tranquilizarla.

Ese día que salió de Etiopía, clandestino, por la frontera, sintió que algo se desprendía desde lo más profundo de su corazón. Era la consecuencia, apenas previsible, de haber sido sorprendido criticando las persecuciones, privaciones y arbitrariedades en su país. "El gobierno no puede seguir oprimiendo a quienes no tienen como defenderse", escribió en un cuaderno rústico que cayó en manos de las autoridades.

Con el poco dinero que recogió tras vender sus propiedades—casi nada--, huyó hacia Cuba y luego, en una acción desesperada por encontrar salida a su situación, emprendió viaje a Bolivia, cruzando en avión un océano que le pareció interminable, y surcando montañas que—en su criterio—semejaban al tamaño de sus problemas.

En la soledad de los cuartos donde durmió, rememoraba las imágenes de su esposa y su hijo. Les escribió muchísimas cartas que jamás envió, por dos razones: la primera, no tenía dinero y, la segunda, porque incluso acceder a un puerto de Internet sonaba como una utopía.

Asilado en Colombia pudo realizar las gestiones para reencontrarse con su familia. Y lo hizo una tarde fría en Santafé de Bogotá. "Hay tantas cosas que contarnos, que creo que el tiempo no nos va a alcanzar", le dijo a un noticiario de televisión que transmitió su conmovedora historia al país.

¡Hoy puede comenzar de nuevo!

Siempre hay una oportunidad para comenzar de nuevo. "He pecado tanto que creo que Dios no me perdonará jamás. Incluso, tengo una enfermedad contagiosa, producto de mi mal vivir, y siento vergüenza de todo el daño causado", me escribió una joven mujer. ¿Mi respuesta? "Se equivoca. Hay oportunidad de comenzar de nuevo. Dios le perdona, ahora usted misma debe perdonarse y abrir las ventanas a esa nueva existencia".

Desde donde se encuentre, recuerde que todavía está a tiempo de volver su mirada a Dios y reemprender el camino. "Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allá te tomará…" (Deuteronomio 30:1-4)

Basta volverse al Señor. Con el corazón y con el alma. Albergando sinceridad. Afincado en la determinación de no fallar de nuevo. Dios Conoce lo que hay en el corazón, nos fortalece para seguir adelante y—si permanecemos prendidos de su mano—nos asegura la victoria. Decídase. Hoy es el día para comenzar una vida renovada en Jesucristo.

Si tiene alguna inquietud, no dude en escribirme ahora mismo a fernandoalexis@aol.com y recuerde mi móvil (0057)317-4913705

Fernando Alexis Jiménez

¡Puedes volar a nuevas alturas!

Fernando Alexis Jiménez

Tú naciste para ser un vencedor

Uno de los concurrentes lo miró y murmuró por lo bajo: "Está rematadamente loco". Y no era para menos: enfrente se abría el Canal de la Mancha, con un fuerte oleaje que emergía arrollador de un mar embravecido. A pesar del bullicio de los asistentes, Yves Rossy alcanzó a percibir el comentario. Lo miró y después enfocó su atención en las aguas que se movían impetuosas abajo. El océano le pareció inusitadamente azul, como escapado de la acuarela de un pintor.

--Voy a lograrlo… voy a lograrlo…--repitió por lo bajo mientras que un ayudante encendía los motores propulsores. Él mismo, en esa extraña amalgama de máquina y hombre, lucía como Icaro, el famoso personaje de la mitología que pretendió llegar al sol provisto de unas alas pegadas con cera, y que murió en el intento.

Los motores rugieron, primero con rabia y luego placidamente, en un ritmo continuo y sostenido que le indicó a todos que podía emprender el vuelo. Yves asintió con la cabeza, en ese gesto acordado previamente con su equipo, y se alzó unos centímetros. Estabilizó la estructura y después, muy despacio, emprendió el salto desde el avión para cruzar la enorme extensión de mar, de 37 kilómetros.

El aparato avanzó a una velocidad de 190 kilómetros por hora. El aire zumbaba en sus oídos, desafiando la cobertura del casco protector. La precipitación era inverosímil. Sus niveles de adrenalina se elevaron al máximo. Una sensación indescriptible.

Las alas pesan 55 kilogramos e integran cuatro turbinas a chorro, movidas por kerosene. Representan una ingeniosa obra de ingeniería aeronáutica. Yves Rossy es pionero en atravesar el mar en estas condiciones. Un émulo moderno de Charles Lindbergh al atravesar el Canal de la Mancha.

¿Es posible volar?

Al observar la historia de este hombre, considerado por muchos un héroe de la modernidad, no podemos menos que admirarnos la inventiva humana y reconocer que hay dentro de cada ser humano un decidido interés de volar más alto. Es una pretensión natural que asiste al profesional, al estudiante, al ama de casa, al comerciante y a todos aquellos que no se conforman jamás con estar en el mismo sitio. Su deseo es volar más alto.

Si nos trasladamos al plano cristiano, igual ocurre con los creyentes. Sin embargo muchos se sienten arrastrados por el desánimo o el cansancio. Es cierto que anhelan volar a nuevas dimensiones espirituales, pero sienten que llegaron al límite de sus fuerzas. ¿Hay salida? Por supuesto que sí, está en Jesucristo.

En la Biblia leemos que el Señor nos ayuda a seguir adelante. "El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. "(Isaías 40:29-31)

No, usted no ha llegado al final del laberinto para encontrarse con una pared infranqueable. Por el contrario, si avanza tomado de la mano de Jesucristo, podrá volar cada día más alto. En oración, estudio de la Palabra y comunión con otros creyentes, alcanzará siempre nuevos niveles… ¡Hoy es el día para comenzar el cambio tomado de la mano del Señor Jesús! Recíbalo en su corazón como único y suficiente Salvador.

Ps. Fernando Alexis Jiménez – (0057)317-4913705

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La ira erupciona como un volcán

El Señor Jesucristo te ayudara a controlar tus emociones destructivas

Fernando Alexis Jiménez

El agua quedó a medio consumir en un vaso de alabastro mientras que las hortalizas y frutas que vendían en la plaza de mercado, se conservaron para la eternidad bajo la amalgama de lava y cenizas que sorpresivamente cubrieron a Pompeya y detuvieron en el tiempo esta antigua ciudad italiana.

Si vuelve las páginas en la historia de la humanidad, recordará que la erupción del Vesubio se produjo 79 años después de Jesucristo.

El volcán aviso. La nube negra que se elevaba al caer la tarde anunció, por espacio de varios días, que las entrañas de aquella enorme montaña --sobre un costado de la metrópoli-- rugían con la desesperación de una mujer que está por dar a luz.

Cuando se produjo la tragedia, no hubo salida posible. La masa ardiente entraba por todas partes y cubría edificaciones, plazas y negocios como un manto gigantesco que rompió para siempre la tranquilidad en un lugar que por muchos fue calificado como un verdadero paraíso.

¿Ha medido las consecuencias de su ira?

Una explosión de ira, al igual que un volcán cuando erupciona, avisa pero a la vez, avanza con una rapidez que difícilmente podemos controlar. El libro de Proverbios señala que "El necio al punto da a conocer su ira; mas el que no hace caso de la injuria es prudente" (Proverbios 12:16).

Para quien enfrenta una predisposición a reacciones airadas, no es desconocida su inclinación y menos, las desastrosas consecuencias que trae consigo.

En nuestras fuerzas es posible construir un dique para evitar incurrir una y otra vez en manifestaciones así. Basta con evaluar en su justa proporción los hechos que normalmente nos despiertan una avenida torrencial del temperamento. Descubrirá que muchas veces le concede trascendencia a hechos que no valen la pena.

Una segunda decisión --la más indicada-- es someter ese punto débil a Dios para que con su divino poder, nos permita cambiar. Es posible. Basta con disponerse y comenzar ahora...

No deje pasar este día

No deje pasar este día sin disponerse a vivir una nueva vida. ¿Cómo hacerlo? Recibiendo a Jesucristo en su corazón como su Señor y Salvador. Dígale: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Recibo tu perdón. Te invito para que entres a mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, felicitaciones. No olvide, desde hoy:

1.- Hacer de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios.

2.- Lea la Biblia, un libro maravilloso en el que aprenderá principios maravillosos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida será renovada por el obrar de Jesucristo!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme fernandoalexis@aol.com

Ps. Fernando Alexis Jiménez – Contacto (0057)317-4913705

Los hijos pródigos de la modernidad

¡Es hora de hacer un alto en el camino y volverte a Dios!

Fernando Alexis Jiménez

Mariana llega, como suele hacerlo cada mes, para reclamar su cheque de subsidio estatal. Lo guarda con sumo cuidado en el bolsillo más profundo de su bolso y sale presurosa. Viste con humildad. Incluso, ya va siendo hora que cambie de zapatos. Están muy viejos. Detrás, decenas de personas, al igual que ella, esperan su turno para recibir su ayuda. Son indigentes algunos, otros desempleados. Residen en los suburbios de Londres.

Hay algo que sorprende en esta mujer que raya los cuarenta años. Ella, es prima de la Reina Isabel Segunda. Es una descendiente real. Más inverosímil aún. Sus padres tienen una fortuna que se estima en 33 millones de euros. Sin embargo vive en la miseria.

Prefirió la inopia aún cuando podría disfrutar todas los privilegios que quisiera, pero reside en una casa desvencijada, de tejas rotas, paredes húmedas y una antejardín que evidencia abandono.

¿Cómo vive usted?

La Biblia dice que usted y yo somos hijos de Dios. Nuestra vida no puede ni debe proseguir en la miseria. Fuimos llamados a una existencia renovada. Pero al igual que Mariana Mowalt, la protagonista del relato, millares de personas prefieren seguir en la indigencia, tanto física como espiritual. Desprecian la nueva vida en Cristo que el Padre nos ofrece.

El Señor Jesús relató la historia del hijo de un acaudalado hombre. Un día pidió su parte de la fortuna y la malgastó. En la ruina, volvió la mirada a la realidad. Reconoció su error. Admitió que no tenía por qué seguir igual. Regresó a casa y pidió perdón a su padre.

"El joven le dijo: 'Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo. Pero el padre ordenó a sus siervos: '¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.' Así que empezaron a hacer fiesta." (Lucas 15:21-24. Biblia Nueva Versión Internacional).

Igual usted. Puede ser uno de los tantos hijos pródigos de la modernidad. Es hora que despierte. Reflexione. Su vida puede ser diferente. Dios perdona todos sus pecados. No importa cuántos errores haya cometido en el pasado. El le espera con los brazos abiertos. Quiere darle una nueva oportunidad. ¡Hoy es el día de comenzar una vida renovada!¡Decídase!¡Basta ya de vivir en derrota!

Recibe hoy a Jesucristo en tu corazón

La mejor decisión de una persona, para emprender una nueva vida, es tener a Jesucristo en su corazón. ¿Cómo hacerlo? Con una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesús, te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Gracias por morir en la cruz y perdonar con tu sacrificio todos mis pecados. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

¡Felicitaciones! Es el mejor paso que pudo haber dado. Ahora lo invitamos a que ore cada día. Orar es hablar con Dios. Él le ayudará en todo momento de su vida; la segunda recomendación: lea la Biblia en la que aprenderá principios dinámicos y prácticos que le llevarán al éxito en el crecimiento personal y espiritual, y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, no dude en contactarnos (0057)317-4913705 y recuerde, nuestro email fernandoalexis@aol.com

© Ps. Fernando Alexis Jiménez  

No se desespere, el sol de la justicia brillará

Dios es quien obra justicia

Ps. Fernando Alexis Jiménez

El paso de los días, los meses y los años se convirtió en una eternidad para la jueza colombiana, Berta Cárdenas, acusada de incurrir en irregularidades al proferir un fallo. Además del tiempo que pasó bajo detención domiciliaria, enfrentó el señalamiento de una sociedad que se olvidó de ella y en la que pudo descubrir quiénes eran sus verdaderos amigos.

Se leyó una y otra vez los libros que alguna vez hojeó en su biblioteca sin mayor interés, y hasta subrayó los pasajes que le dieron fortaleza en los momentos de crisis. La mayoría de quienes un día le profesaron amistad, le volvieron la espalda... Sentía el peso abrumador de la soledad. Y volcó su tiempo libre a escudriñar desde obras de la literatura clásica, pasando por revistas con avances tecnológicas, hasta la Biblia, el libro milenario cuya lectura transforma vidas.

Un día cualquiera se iluminó con el sol radiante de la alegría, la inundaron deseos irreprimibles de llorar y le embargó el firme convencimiento de que Dios es justo. Todo junto, como la policromía de un arco iris al morir la tarde. Una carta de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia le notificaba que había sido absuelta de cualquier inculpación. Sonrió con satisfacción. No podía creerlo. Volvió a vivir...

Nuestra esperanza no pude desfallecer

Cuando somos víctimas de la injusticia, nos abruma la sensación de indefensión y soledad. Todo luce ensombrecido frente a nuestros ojos. Nadie más que quien lo experimenta, entiende lo que significa saber que se es inocente y, sin embargo, enfrentar todas las circunstancias en contra.

Jeremías, uno de los profetas de la antigüedad, cercano a la realeza israelita y quien vivió muy cerca el tremendo dolor que despierta ser acusado sin fundamento, escribió: "Justo eres tú, oh SEÑOR, cuando a ti presento mi causa; en verdad asuntos de justicia voy a discutir contigo." (Jeremías 12.1. Biblia de Las Américas).

Su exclamación, sintetiza dos principios de vida que le invito a asumir hoy. El primero, que en momentos de tribulación es a Dios a quien debemos volver la mirada. Y el segundo, que si llevamos ante El nuestra causa, nos librará y hará justicia.

¡Animo! ¡No desfallezca! La circunstancia que enfrenta, con ayuda del Creador, cambiará y saldrá a la luz su inocencia...

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¿Haz pensado para qué te sirven las posesiones materiales?

¿Tu corazón sólo está dependiendo de las riquezas y no de Jesucristo?

Fernando Alexis Jiménez

En los breves segundos que duró el accidente automovilístico, sintió que saltaba hacia el infinito y que, bajo sus pies, no había nada, salvo un vacío enorme hacia el que avanzaba a pasos agigantados.

Atrás quedaron los días en los que su nombre aparecía en los principales diarios norteamericanos, su figura hacía soñar a las jovencitas y su rostro de niño bueno engalanaba tres películas que saltaron a la fama.

James Deam murió cuando apenas comenzaba a vivir. Un soleado mediodía en la autopista Pablo de Robles, en dirección a Los Ángeles. El sol brillaba en lo alto, invitando a disfrutar. Iba camino de los estudios cinematográficos. Estaba terminando de grabar la película "Gigante".

Nació para ser un ganador pero terminó como un perdedor. Tenía todas las potencialidades para llegar lejos: entusiasmo, perseverancia y metas claras de hacia dónde quería llegar. Partió a la eternidad cuando apenas cumplía sus 24 años y frente a sus ojos se abría un horizonte prometedor.

¿En qué cifra sus esperanzas?

James Deam vivió deprisa, murió joven y nunca llegó al mañana. ¿De qué sirvieron sus posesiones materiales, su fama y un futuro prometedor? Absolutamente de nada. La soledad y una incesante búsqueda de paz, le llevaron a lo que menos imaginó: la muerte.

Igual su vida. Tal vez lo tiene todo, pero no tiene sosiego. Su mañana es incierto. Es más, si falleciera ahora mismo, no sabe a dónde iría a parar su alma.

El Señor Jesús advirtió a propósito: "... Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras." (Mateo 16:25-27).

Sus metas en la vida deben ser diferentes. El primer lugar debe ocuparlo Dios; el segundo, su familia y, el tercero, el trabajo y las demás ocupaciones. Revise sus prioridades. No descuide lo más importante, lo que de verdad cuenta: Su alma y el vivir plenamente...

¡Tome hoy una decisión muy importante!

Usted no puede permitir que pase el día de hoy sin que tome la decisión más importancia de su vida: recibir a Jesucristo en el corazón como su único y suficiente Salvador. Marcará una diferencia en su vida presente y para la eternidad.

¿Cómo hacerlo? De una manera muy sencilla. Dígale allí donde se encuentra: “Señor Jesús, gracias por perdonar mis pecados. Tu muerte en la cruz, mi amado Salvador, me abre las puertas a una nueva vida. Te recibo en el corazón. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si hizo esta oración, le felicito. Le resta que lea la Biblia en donde aprenderá maravillosos principios orientados a su crecimiento personal y espiritual. Lo segundo, comenzar a reunirse en una iglesia cristiana. Le ayudará en su proceso de crecimiento personal y espiritual.

Ahora, si tiene alguna inquietud, no debe de escribirme a fernandoalexis@hotmail.com y mi teléfono de contacto (0057)317-4913705

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La ira destruye tu vida

¡Puedes ser libre de la cárcel de la ira con ayuda de Dios!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Nadie sabe cómo se inició el conflicto. Los vecinos sólo recuerdan que la discusión inició pasadas las ocho de la mañana. El marido argumentaba que el café estaba demasiado caliente, amargo y con poca azúcar. "¿Pretendes que me lo beba?", le interrogaba, alzando la voz más de lo acostumbrado.

La mujer se defendía. "Deja que enfríe", decía una y otra vez. Pero el altercado iba en aumento. De pronto un sonido seco, el grito de ella y un tremendo portazo, del hombre al salir. Eso fue todo lo que escucharon.

Minutos después las llamas invadían todo alrededor. La casa de latas, zinc y cartones estaba envuelta en fuego que pronto ganó fuerza y abrazó a otras viviendas, dejando a su paso tristeza y desolación. Cincuenta y seis familias de aquél barrio marginal terminaron en la ruina.

--Mire usted lo que provocó la rabia de doña Isabela—se quejó una de las damnificadas.

Alrededor todo era desolación, como si hubiese terminado una guerra tremenda, de aquellas en las que sólo se recuerda el dolor y las esquelas descoloridas de lo que fue.

¡Es posible modificar comportamientos irascibles!

La ira destruye nuestra vida. Produce secuelas imborrables, que desatan tristeza y culpabilidad en nuestro corazón, y heridas entre quienes nos rodean.

La Biblia es clara cuando advierte: "El iracundo comete locuras, pero el prudente sabe aguantar" (Proverbios 14:17, Nueva Versión Internacional). Alguien dominado por un enojo irrefrenable, termina dejándose arrastrar como una frágil rama por un río correntoso, lo que a la postre causa destrucción y levanta a nuestro alrededor tremendos muros de prevención no solo entre nuestros familiares sino amigos y conocidos: "No te dejes llevar por el enojo que sólo abriga el corazón del necio" (Eclesiastés 7.9, Nueva Versión Internacional).

Un joven que asistió a consejería se lamentaba porque tenía pocos amigos. "Me rechazan; salen huyendo. Ni siquiera tengo novia". Un análisis cuidadoso del asunto, descubrimos que el eje central radicaba en su irascibilidad. Apenas sentía que algo le incomodaba o tal vez, cuando experimentaba la sensación de vulnerabilidad, inmediatamente reaccionaba desatando una verdadera tormenta.

Coincidimos en la necesidad de invitar al Señor Jesucristo a su corazón con el propósito de que trajese los cambios que tanto anhelaba, los que se reflejaron en la ampliación del círculo de sus amistades.

Nuestra vida evidencia transformaciones a partir de cosas pequeñas. El temperamento y las reacciones explosivas, pueden ser algunas de ellas. Y hoy es el día para comenzar esa evolución en su existencia. ¡Recuerde que no está solo! En el Señor Jesucristo encontrará la fuerza para alcanzar la victoria.

Ps. Fernando Alexis Jiménez – (0057)317-4913705

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Jamás deje de soñar grandes sueños...

¡No estás llamado a renunciar sino a seguir adelante!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

La idea le nació a Héctor Fabio un atardecer en el que, sentado en una silla de la Plaza de Caycedo, disfrutaba de la fresca brisa proveniente de los farallones de Cali. "¿Qué hacer para sacar niños y jóvenes inmersos en el bajo mundo de las calles?", se preguntaba una y otra vez hasta ese preciso instante en el que --como en las caricaturas-- sintió que se prendió el bombillito que le hizo pensar: "¡Claro... la solución ha estado siempre ahí!", para --acto seguido-- concebir el sueño de crear una escuela de actos circenses para estimularlos a ocupar su tiempo en otras cosas.

Comenzar no fue fácil. De un lado, pocos creían que a través del arte se pudiera rescatar una juventud involucrada en drogas y robo. De otra parte, lo inverosímil del proyecto llevó a que todos aquellos a quienes pidió apoyo, le cerraran las puertas con la vaga promesa de: "Otra vez será..."

Hoy su sueño es una realidad. Una docena de chicos y chicas son los primeros graduados. Ahora son malabaristas, mimos, payasos, magos y equilibristas. Cursaron su formación en la carpa multicolor que se levanta al norte de la ciudad, en un campo tan grande como sus aspiraciones.

Si usted le pregunta cómo lo hizo, le responderá, con esa sonrisa que le acompaña siempre y que caracteriza a los optimistas: "Dios me ayudó siempre". Y tiene toda la razón. Su fe le permitió ver el nacimiento y fortalecimiento de lo que hoy se conoce como Escuela de Circo "El Samán".

¿Quiénes llegan a la meta?

Sólo llegan a sus metas, quienes sueñan. Y alcanzan nuevos peldaños en la escalera al triunfo, aquellos que –tomados de la mano de Dios—no se dejan vencer pese a las dificultades.

Sin que las Escrituras especifiquen mucho respecto a sus orígenes, trascendencia o el momento en que tuvo un encuentro personal con Dios, encontramos un registro acerca de Jabes, un soñador de tiempo completo. Dice la Biblia "Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe. Y le otorgó Dios lo que pidió" (1 Crónicas 4:9, 10).

Pensaba y actuaba diferente. Tal como ocurre con aquellos que tienen metas. Se convierten en piedras de tropiezo para quienes les rodean, en el blanco de sus burlas y críticas o quizá, objeto de la indiferencia general por el hecho de ir en contravía. Pero Dios prosperó sus anhelos. Igual puede hacer hoy con su vida... No deje de soñar grandes sueños...

No deje pasar este día

No deje pasar este día sin disponerse a vivir una nueva vida. ¿Cómo hacerlo? Recibiendo a Jesucristo en su corazón como su Señor y Salvador. Dígale: “Señor Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Recibo tu perdón. Te invito para que entres a mi corazón y hagas de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

Si tomó esta decisión, felicitaciones. No olvide, desde hoy:

1.- Hacer de la oración un principio de vida. Orar es hablar con Dios.

2.- Lea la Biblia, un libro maravilloso en el que aprenderá principios maravillosos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. ¡Su vida será renovada por el obrar de Jesucristo!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme fernandoalexis@aol.com

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¿Tienes un corazón alegre?

¡Vive la vida en Cristo; es una fiesta!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

La tristeza y la preocupación le invadieron hasta el día en que tomó la decisión de alejarlas de su vida. Era creyente en Cristo, iba dos veces por semana al templo, leía la Biblia, había tomado cursos de liderazgo eclesial, gustaba de escuchar música cristiana y hasta había predicado unos cuantos sermones. Sin embargo su actitud era pesimista y en más de una ocasión sentó las bases para fracasar aunque estaban dadas las circunstancias para que venciera.

La situación persistió. Consideraba que todos los días eran iguales. Nada diferenciaba uno de otro. En cierta ocasión, sin embargo, se preguntó si estaba bien que alguien que profesaba creer en Jesucristo viviera sumido en la amargura. "No puede ser—razonó—porque incluso los cristianos del primer siglo iban sonrientes y confiados al coliseo romano donde los iban a sacrificar".

Ese día le pidió a Dios en oración que le ayudara a cambiar. Hasta ahora permitía que la tristeza gobernara, y eso no estaba bien. Progresivamente fue descubriendo que alrededor había muchos motivos para estar alegre. La vida, el trabajo, una familia que le amaba, oportunidades para ir ascendiendo en su desempleo eclesial. ¡Definitivamente tenía todo a favor!.

Su perspectiva de la vida cambió. No fue inmediatamente, sino con el paso de los meses. Pero lo logró. Todos a su alrededor pueden apreciarlo. Encuentran en él a alguien optimista, lleno de fe, que transmite entusiasmo y de quien vale la pena ser amigos.

Sí hay motivos para estar alegres

Tal vez ocurre igual con usted. Siente que no hay motivos para estar alegre. Pero está equivocado. Con ayuda de Dios es posible cambiar en esa área fundamental. Quien ve todo ensombrecido, jamás vivirá con satisfacción y sus horas, minutos y segundos se convertirán en un infierno.

En la Biblia encontramos una expresión fabulosa del autor sagrado que insta a los creyentes: "Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré yo a Jehová en mi vida; cantaré salmos a mi Dios mientras vida"(Salmo 146:1, 2).

Es posible una transformación con el acompañamiento del Señor Jesucristo. Usted podrá lograrlo y, con Su ayuda, pronto despertará con deseos de vivir a plenitud ese nuevo día...

Decídase. Reciba al Hijo de Dios en su corazón y permita que lo cambie...

Si tiene alguna inquietud, por favor, no deje de escribirnos pastorfernandoalexis@hotmail.com y recuerde nuestro número de contacto (0057)317-4913705

Un malentendido... Y todo cambió

Mide el alcance de lo que dices

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Una palabra. Simplemente una palabra. Expresada en un momento inoportuno. Raquel se quedó mirándolo con expectación, como el médico que ausculta cuidadosamente a su paciente.

--Me temo que me acabas de faltar al respeto--, recriminó.

Raúl se limitó a defenderse:

--Solo he dicho que a veces "exageras". Y creo que en esta ocasión dimensionas las cosas más allá de lo que debieras. No he pretendido ofenderte. —

--Por favor, sal de mi oficina—dijo ella, señalándole la puerta.

Ese fue el comienzo de una sucesión de batallas que a la postre configuró una guerra sin cuartel. Aunque pretendía defenderse, difícilmente lo lograba. Cada nuevo acercamiento buscando aclarar las cosas, desataba nuevas molestias de su compañera de oficina. Y todo amenazaba con empeorar. Lo grave es que el bufete de abogados, que habían establecido ocho años atrás, se veía afectado por las relaciones tirantes…

Todos enfrentamos malentendidos

Temprano o tarde todos enfrentamos malentendidos. Es algo inevitable. Lo complicado es que a veces una situación así se convierte en una carga dura de sobrellevar.

Suele ocurrir que cuando hemos sido víctimas de un malentendido, de nada valen las explicaciones. En tanto más nos esforcemos por corregir las situaciones, más se agrava el asunto. Conforme se enreda la equivocación, más dolor experimentamos.

Puede que el incidente se origine en una palabra o actitud de manera inconsciente, que termina siendo mal interpretada. O también algo que hacemos y que nuestro interlocutor interpreta como una ofensa o provocación.

Aún los cristianos somos propensos a interpretar mal a otros creyentes. No es algo nuevo. Desde el mismo origen del hombre ha existido. Y es en ese momento, cuando tomamos conciencia de que no estamos blindados a este fenómeno, que reconocemos dos hechos: el primero, que los grandes siervos de Dios han experimentado las malas interpretaciones, y el segundo, que a través de situaciones como los malentendimos, aprendemos del error y crecemos.

David, ejemplo de la Biblia

Uno de los hombres más memorables en la historia del pueblo de Israel, David, fue víctima de un malentendido. Cuando leemos 1 Samuel 17 encontramos el apasionante relato cuando el joven, armado de una onda y unos cuantos guijarros, dio muerte a Goliat. ¡Una verdadera proeza!

Cuando regresaban a la ciudad, eufóricos por el triunfo, el rey Saúl mal interpretó el recibimiento que le ofreció la gente. Era inseguro y, temeroso de perder el protagonismo, fruto de los celos, el temor y el resentimiento que rodeaba las actuaciones del monarca, se encendió en ira.

Enfatizo: los israelitas organizaron una bienvenida, pero fundamentalmente a su mandatario. "Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderetas, cantaban y bailaban, y exclamaban con gran regocijo: «Saúl destruyó a un ejército, ¡pero David aniquiló a diez!» (1 Samuel 18:6, 7. Nueva Versión Internacional).

La alegría se tornó en amargura cuando resaltaron la hazaña de David (versículo 7) ¿La razón? El cántico despertó los celos del rey Saúl. Observe las consecuencias que desencadenó: "Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!»" (Versículo 8)

En adelante todo se convirtió en una sucesión de momentos amargos para David: "Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo." (Versículo 9). Sin proponérnoslo puede ocurrir que nos veamos inmersos en un malentendido. David no pretendía ni la gloria ni el reino; sin embargo y sin proponérselo, quedó involucrado en un asunto que puso en peligro su propia vida.

Consecuencias de los malentendidos

Los malentendidos generalmente desencadenan ataques por parte de quienes se sintieron ofendidos o provocados, y a su vez, quien enfrenta las consecuencias, sufre desánimo y en ocasiones, hasta angustia. No es nada fácil, sin duda.

Agobiado por lo que se derivó del recibimiento al rey Saúl y su reacción al sentirse afrentado, David escribió el Salmo 140. En él encontramos tres elementos interesantes: las asechanzas, la provocación, contiendas y trampas que se tejieron en su contra: "…que urden en su corazón planes malvados y todos los días fomentan la guerra. Afilan su lengua cual lengua de serpiente;  ¡veneno de víbora hay en sus labios! *Selah Esos engreídos me han tendido una trampa; han puesto los lazos de su red, han tendido trampas a mi paso. Selah" (Salmo 140:2, 3, 5. Nueva Versión Internacional)

Probablemente usted se encuentra en una situación similar. Siente que está en un callejón sin salida. Experimenta temor y hasta desesperación porque no encuentra una salida al laberinto… En momentos así, hay un solo camino: Dios.

David encontró refugio en Dios

Los malentendidos llegan cuando menos los esperamos. Es evidente y lo tenemos claro. Al reconocer su vulnerabilidad, David se refugió en Dios y pidió su intervención para ser librado de las asechanzas: "Oh Señor, líbrame de los impíos; protégeme de los violentos… Señor, protégeme del poder de los impíos;  protégeme de los violentos,  de los que piensan hacerme caer." (Salmo 140:1, 4. Nueva Versión Internacional).

El joven escritor tenía claridad en el corazón de que, en sus fuerzas, antes que resolver el malentendido, lo iba a agravar. Se tornaría una bola de nieve. Como sin lugar a dudas nos ha ocurrido a usted y a mi cuando tratamos de dar una explicación y terminamos más llenos de problemas que al comienzo. El escribió, en su oración a Dios: "Yo le digo al Señor: «Tú eres mi Dios. Atiende, Señor, a mi voz suplicante.» Señor Soberano, mi salvador poderoso que me protege en el día de la batalla…" (versículos 6, 7) Sabía que nuestro Supremo Hacedor es quien da las batallas por nosotros, y nos asegura la victoria (Cf. Éxodo 14:14).

En momentos en que sienta que el ser mal interpretado no tiene solución, es importante que vuelva su mirada a Dios. Deposite su confianza en Él. "Yo sé que el Señor hace justicia a los pobres y defiende el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos alabarán tu nombre y los íntegros vivirán en tu presencia." (Versículos 12, 13)

Aunque experimente ataques, sea que es nuestro Padre celestial quien pelea con nosotros, y por supuesto, arregla cualquier situación porque para Él no hay nada imposible.

No olvide que quien se hace daño con la amargura es quien malinterpreta a su prójimo. También que los malentendidos nos permuten crecer porque nos acercan a Dios y permiten que lo describamos como Salvador.

Si se refugia en el Creador, no dudo que la situación se resolverá… Y podrá aclarar cualquier malentendido…

Tal vez le falta algo…

Tal vez le falta algo: Jesucristo en su corazón. ¿Desea recibir al Señor Jesús como su Salvador? ¡Hoy es el día! Dígale en oración: "Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón. Gracias por morir en lugar mío en la cruz, cargando con todos mis pecados para traer el perdón de Dios. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Felicitaciones. Es la mejor decisión que haya podido tomar. Tengo para usted tres sugerencias: la primera, oración cada día delante de Dios. Orar es hablar con Dios. La segunda, estudie la Biblia para que aprenda principios que le ayudarán en su proceso de crecimiento personal y espiritual, y la tercera, comience a congregarse en una iglesia cristiana...

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Dios perdona y sana con poder

Si Dios te perdonó, ¿por qué no perdonas tú?

Ps. Fernando Alexis Jiménez

El médico la saludó con un gesto, entre respetuoso y riguroso. La amalgama que caracteriza a quien no encuentra ni las palabras ni el momento oportuno para decir algo. Rosaura, con solo ver el semblante del galeno, intuyó que se trataba de algo grave:

 

--Su esposo tiene leucemia. ¿Qué decirle? Que lo siento. Es incurable. El nivel de sus plaquetas llegó al punto más bajo… Seguirá en observación…--y después de medir cuidadosamente sus últimas palabras, dio media vuelta

 

La mujer rompió a llorar. Elsy, su madre, la abrazó. Lloraron las dos. Muchas personas pasaban a su lado, en el interminable pasillo de la clínica, entre extrañados, curiosos y solidarios. La tarde dejó de ser más oscura que de costumbre. La ciudad amenazaba con desplomar un tremendo aguacero, pero no tan devastador como el que estaban viviendo.

 

--No dejes de clamar a Dios—les recomendó la líder de oración de la iglesia. Palabras sabios en momentos en los que todo parecía derrumbarse. Y, con el firme convencimiento de que para el Creador del cielo y de la tierra, nada absolutamente era imposible, redoblaron su clamor.

 

Muchas veces me acostaba muy tarde en la madrugada y aún no había despuntado el alba, y yo ya estaba clamando. Armando estaba muy agotado y a duras penas me sonreía con comprensión, desde su cama, cuando me veía orar”, relataría tiempo después Rosaura.

 

La pequeña habitación de apartamento se convirtió en su oratorio. Entró una silla que ubicó junto a la cama donde reposaba su esposo, y dobladas las rodillas, oraba. Unas veces con confianza, otras con desesperación y muchas, sabiendo que algo especial ocurriría.

 

--Su esposo está experimentando una leve mejoría—le dijo cierta tarde de martes el especialista--, pero por favor, no se ilusione--.

 

Su convicción de que ocurriría un milagro jamás declinó. Y Dios respondió con poder. La sanidad se produjo sobre Armando. El oncólogo mismo no podía dar crédito a los nuevos resultados. ¡El milagro ocurrió!

 

Perdón y victoria

 

Uno de los más grandes milagros que Dios hace en nuestra vida, es perdonar nuestros pecados. Gracias a la obra del Señor Jesucristo, nos brinda una nueva oportunidad. Por la obra de Jesús en la cruz, se abre frente a nosotros un capítulo sin escribir, que nos lleva a comenzar de nuevo.

 

Saber que somos perdonados, debe llevarnos a expresar lo mismo que el autor sagrado cuando escribió: “¡Con todas las fuerzas de mi ser alabaré a mi Dios!¡Con todas las fuerzas de mi serlo alabaré y recordaré todas sus bondades! Mi Dios me perdonó        todo el mal que he hecho…”(Salmo 103:1-3 a. Versión en Lenguaje Sencillo, SBU)

 

Si usted tiene a Jesucristo en su corazón, créalo: los milagros están disponibles para usted. ¿Por qué le digo esto? Porque muchas personas pretenden recibir milagros de Dios a pesar de que se mueven en el pecado, deliberadamente e incluso, solazándose en su comportamiento.

 

¡Pídale a Dios la sanidad!

 

La Biblia nos enseña que Dios, además de perdonarnos, es el proveedor de nuestra sanidad física: “…me devolvió la salud, me libró de la muerte,¡me llenó de amor y de ternura! Mi Dios me da siempre todo lo mejor; ¡me hace fuerte como las águilas!”(Salmo 103:3 b- Versión en Lenguaje Sencillo, SBU)

 

Los milagros están a su alcance. Recuerde que Dios no solo puede sino que quiere obrar maravillas y prodigios en su existencia. Pero es necesario, por lo menos, que haga tres cosas: la primera, volver su mirada a Dios; la segunda, orar a Él, y la tercera, perseverar. Tenga la certeza que nuestro amado Hacedor atenderá sus oraciones.

 

Si profesamos ser cristianos, naturalmente creemos en los milagros. Es algo íntimamente ligado a nuestras convicciones. No desmaye. Siga firme en sus oraciones. ¡Los milagros ocurrirán!

© Fernando Alexis Jiménez pastorfernandoalexis@hotmail.com

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Vino la luz, y trajo cambio…

¡Tú vida puede comenzar hoy!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

La pequeña placita de Zapatero, un pueblo perdido en la Costa Atlántica de Colombia, se llenó de hombres y mujeres con el rostro sonriente mientras que alguien echaba al vuelo juegos pirotécnicos.

En un costado la banda musical entonaba diversos temas folclóricos al tiempo que el boticario y el inspector de policía celebraban --entre frases picarescas-- lo que llamaron un "adelanto de la civilización" que por más de cien años les había sido esquivo.

La ocasión fue propicia para que Neibis Pérez desempacara el televisor a colores que compró a crédito desde cuando se enteró de la llegada de aquél visitante, lo instaló y se aprestó a ver aparecer las imágenes en un acontecimiento que jamás olvidaría y que podría contar a sus nietos en la posteridad.

Aunque no tienen plata para comprar carne y generalmente se alimentan con frutas y hortalizas, no pudieron sustraerse al arrollador empuje del progreso y compraron cable y lámparas para iluminar sus casas.

¿El visitante? No, no era el Presidente, ni el Gobernador y menos el Alcalde. Era la energía eléctrica y venía para quedarse. Por eso refundieron con tiempo las velas y cuanto objeto utilizaban para alumbrarse.

Ese primer día disfrutaron del servicio hasta la madrugada, porque nadie quería acostarse. Estaban asombrados, optimistas y temerosos de que al despertar al día siguiente descubrieran que todo era un sueño.

En los pueblos distantes y olvidados de nuestra amada América Latina, la energía eléctrica es sinónimo de luz y la luz, la evidencia tangible del desarrollo. Apenas llega a sus casas, experimentan cambio y miran con esperanza el futuro. Igual cuando la luz del evangelio llega a la vida de alguien que por años ha estado sumido en la desesperanza.

La verdadera luz para tu vida

Reunido con sus apóstoles, "...Jesús les habló otra vez y dijo:--Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en la oscuridad, sino que tendrá la luz que da vida" (Juan 8:12. Nuevo Testamento, la Palabra de Dios para todos).

Si atraviesa períodos de oscuridad, tristeza y desesperanza, es hora de que acepte a Cristo en su corazón. La luz llegará a su ser. Sus días jamás serán los mismos. Habrá empezado el proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela. ¡Es hora de recibir hoy a Jesucristo como Señor y Salvador!

¿Cómo recibir a Jesucristo como Señor y Salvador?

Es muy fácil. Puede hacerlo incluso allí donde se encuentra. Dígale: “Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Gracias por perdonar todos mis pecados en la cruz y darnos una nueva oportunidad de vida. Haz de mi lo que tú quieres que yo sea. Amén”

Tengo una buena noticia para usted: En el presente, hay victoria y la eternidad con Él, nuestro amado y poderoso Dios. Tengo finalmente tres recomendaciones:

1.- Ore a Dios cada día. Orar es hablar con Dios. Él es nuestro Padre celestial pero también, nuestro mejor amigo.

2.- Lea la Biblia. Aprenderá principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal, en las dimensiones personal y espiritual.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana, en donde experimentará desarrollo en su vida.

Si tiene alguna inquietud, no deje de escribirme… pastorfernandoalexis@hotmail.com

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Cupido en bicicleta

¡Con Jesucristo tu hogar recobrará el curso que Dios dispuso desde el comienzo de la creación!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Su relación sentimental no tuvo mayores inconvenientes, salvo las diferencias triviales de que a él le gustara la pizza mientras que a Adriana el helado. Nada irreconciliable. Pero aún en circunstancias así, llegar a un acuerdo era tanto como salvar un muro enorme y saltar del otro lado, dando solidez al amor que se profesaron desde adolescentes.

En el barrio los llamaban "Cupido en bicicleta" porque, ante la precariedad económica, era su único medio de locomoción. Era todo un espectáculo verlos juntos sorteando los baches de la vía y coincidiendo sobre qué ruta tomar, camino al trabajo.

Por supuesto que experimentaron momentos difíciles, como el día que le contaron a la joven que su esposo andaba en malos caminos. Afortunadamente la situación se resolvió. Quedó claro que todo fue producto de un chisme sin fundamento.

Los problemas económicos tampoco les robaron la paz. Al comienzo del matrimonio sostuvieron dos querellas, pero aprendieron que la única manera de sobreponerse a las crisis era permaneciendo unidos.

La historia de sus vidas no tuvo un final feliz como en los cuentos. Una mañana lluviosa los arrolló un autobús en pleno centro de la ciudad. El hombre del automotor iba peleándose con otro motorista para comprobar quién lograba transportar más pasajeros. Ensimismado en la gresca no advirtió a la pareja que se movilizaba algunos metros adelante, y los atropelló.

No dos, sino una sola persona

Aún en el sepelio estuvieron juntos. Algo que siempre les caracterizó. La historia nos lleva a recordar la escena en la que un grupo de líderes religiosos le preguntaron al Señor Jesús si era viable el divorcio.

El les explicó que "...en el comienzo Dios creó al hombre y a la mujer. Por eso el hombre dejará a su papá y a su mamá para unirse a su esposa. Y ese hombre y su esposa serán como una sola persona. Así que ya no son dos sino uno solo. Esas dos personas han sido unidas por Dios, y nadie debe separar lo que Dios ha unido" (Marcos 10:5-9. Nuevo Testamento: la Palabra de Dios para todos).

La pareja del relato protagonizó una relación en la que primaron la permanencia y estabilidad por encima de las diferencias. Y fueron a la eternidad juntos. ¡Qué diferente de los integrantes de un matrimonio que buscan la separación al más mínimo tropiezo!

Si atraviesa por problemas en su hogar, no renuncie. No es el momento. Pida la ayuda de Dios. Permita que Jesucristo reine en su familia. Con Su ayuda encontrará la sabiduría y prudencia necesarias para manejar los problemas. Con serenidad podemos encontrar salida a las dificultades...

¡Falta la mejor decisión de su vida!

Todavía resta mucho en su vida. Poner en orden su hogar, es una de ellas. Pero hay algo más: el primer y más grande paso es recibir a Jesucristo en su corazón como único y suficiente Salvador. Es muy sencillo. Dígale: “Señor Jesús, te recibo en mi corazón como mi único Salvador. Gracias por perdonar mis pecados al morir en la cruz. Te recibo en mi corazón. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

¡Felicitaciones! Es la mejor decisión de su vida. Ahora tengo tres invitaciones:

1.- Ore diariamente. Orar es hablar con Dios. Él es nuestro Padre celestial, pero también, nuestro Amigo.

2.- Lea la Biblia. Aprenderá principios dinámicos que le llevarán al cambio y al crecimiento personal y espiritual.

3.- Comience a congregarse en una iglesia cristiana. Allí empezará el crecimiento personal y espiritual. ¡No tarde en hacerlo!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme

Email pastorfernandoalexis@hotmail.com

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¿Cómo experimentar consagración hoy?

¡Usted también puede cambiar!

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Desde hace ocho años decidió apartarse de todo y de todos, y con una última mirada al pueblo de casas viejas, calles anchas y jardines edénicos en donde creció, emprendió el ascenso a la montaña donde reside en una gruta.

Julián Alberto Arinoa Montes es uno de los pocos latinoamericanos que un día decidió apartarse del mundo que le rodeaba para ir en busca de Dios, en medio de la soledad y con la firme convicción de ir más allá de una experiencia superficial. Reside en un cerro, cerca de La Paz. A su alrededor, decenas de curiosos buscan oportunidad para encontrarse con este singular ermitaño de la modernidad.

¿Católico o cristiano evangélico? Prefiere llamarse cristiano. En su humilde morada en solo hay unos cuantos cirios para alumbrarse en la noche, alimentos que le regalan personas de aldeas cercanas y cinco libros, entre ellos la Biblia y un texto de meditaciones. Es lo único que le acompaña.

Buena parte de su jornada la ocupa en orar. Es un paso para tener mayor acercamiento con el Creador. En criterio de Julián, ha sido una experiencia maravillosa. Ya no le hacen falta el ruido de ciudad de La Paz o quizá los pocos lugares de arquitectura antigua que le deleitaban en Santa Cruz de la Sierra.

Presente su cuerpo a Dios en santidad

¿Por qué decide alguien distanciarse del mundo y de la realidad que le rodea? Todo depende de la apreciación que cada uno tenga acerca de lo que es la consagración. Para el anacoreta Julián Alberto Montes, no es otra cosa que irse donde nadie pueda encontrarlo.

Para un cristiano de hoy es dedicar a Dios todo nuestro ser, tal como lo recomienda el apóstol Pablo: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional" (Romanos 12:1).

Usted no necesita tomar el camino del ermitaño. El sendero más fácil de consagración es entregarle al Señor Jesucristo nuestros pensamientos, planes, proyectos y actuaciones. Cuando sintamos que nos agobia el desánimo, pedir su fortaleza y, tomados de su mano, avanzar un paso más.

¿Ya tienes a Cristo Jesús en tu corazón?

La mejor decisión de una persona, para emprender una nueva vida, es tener a Jesucristo en su corazón. ¿Cómo hacerlo? Con una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesús, te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Gracias por morir en la cruz y perdonar con tu sacrificio todos mis pecados. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

¡Felicitaciones! Es el mejor paso que pudo haber dado. Ahora lo invitamos a que ore cada día. Orar es hablar con Dios. Él le ayudará en todo momento de su vida; la segunda recomendación: lea la Biblia en la que aprenderá principios dinámicos y prácticos que le llevarán al éxito en el crecimiento personal y espiritual, y por último, comience a congregarse en una iglesia cristiana.

Si tiene alguna inquietud, no dude en contactarnos (0057)317-4913705 y recuerde, nuestro email es pastorfernandoalexis@hotmail.com

© Ps. Fernando Alexis Jiménez

 

Su vida puede ser transformada hoy

¡Tù puedes cambiar! Comienza hoy

Ps. Fernando Alexis Jiménez

"!Qué tan diferente soy de cómo era en otros tiempos!" reflexionó cuando regresó al barrio en el que creció, estableció lazos de amistad, se vio inmerso en la fármaco dependencia hasta finalmente concluir su ciclo juvenil en una cárcel, acusado de robo y lesiones personales.

Ahora, con siete años más, tenía otras aspiraciones y metas diferentes. Para ser sincero, llevaba un buen tiempo sin volver a ese conjunto de casas tristes, inmensas y deterioradas. Y si lo hizo fue con el propósito de reencontrarse con aquellos que un día le acompañaron en su desorden moral, espiritual y personal en todos los órdenes.

Algo curioso: no se acordaban de él. En cierta medida tenían razón. No usaba el pelo largo ni la barba que por años le identificaron. Tampoco estaba delgado. Sí, definitivamente tenía otra apariencia. También su forma de pensar y de actuar.

El cambio ocurrió años antes cuando estaba en una celda. Un domingo, cuando generalmente nadie iba a visitarlo porque sus amigos se fueron y la familia no quiso saber más de quien se había convertido en la "oveja negra". Ese día un predicador le compartió sobre el evangelio transformador de Jesucristo. En un principio quiso restarle atención a la insistencia con la que el hombre le hablaba de la Biblia. Luego se resigno, al fin y al cabo quería dialogar sobre algo con alguien. Finalmente lo embargó la emoción de encontrar un camino a una vida diferente.

Piénselo: usted puede cambiar

¿Qué lo llevó a cambiar? Abrirle el corazón a Jesucristo. Inmediatamente comenzaron los ajustes en su existencia. Tomó forma la recomendación del apóstol Pablo: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2).

Todo ser humano tiene enfrente una oportunidad diferente. Su ser puede experimentar la transformación de Jesucristo. El está esperando por su decisión. No depende de Dios, sino de cada quien. No presionará para emprenda ese sendero distinto de vida y realización, tanto personal como espiritual. Pero lo que sí puedo asegurarle es que si toma la determinación de recibir al Señor Jesús en su corazón...¡Todo será diferente desde ahora!

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El peligro de los errores inadvertidos

Ps. Fernando Alexis Jiménez

El programa avanzaba sin mayores contratiempos. El pastor Leonardo y yo llevábamos quince minutos en la emisión del programa en televisión, los viernes después de las seis de la tarde.  Enfrente, tres cámaras y un potente foco que generaba un calor insoportable.

 

Cuando reparé en el monitor, a través del cual uno se percata acerca de qué está saliendo al aire, pude apreciar que inconscientemente y al parecer por espacio de varios minutos había estado jugando con la estilográfica. Un televidente que repara en todos los detalles, comprenderá que es un error inconcebible. Echa a perder el trabajo.

 

Aunque uno de los camarógrafos me insistió  en que  no había pasado nada grave, cuando vi en casa la grabación descubrí que algo tan pequeño había restado calidad a la intervención televisiva.

 

Este incidente en apariencia trivial me llevó a meditar en tantas actitudes y expresiones que nos parecen normales o que no desencadenarán problemas en el futuro, pero que terminan convirtiéndose en factores que dificultan nuestras relaciones interpersonales. Puede que se trate de acciones involuntarias como saludar y no mirar al interlocutor al rostro; saludar con monosílabos; responder con frases entrecortadas cuando nos formulan una pregunta o tal vez, mirar a los demás con la sensación de que somos superiores.

 

Dios nos conoce a plenitud

 

Si llevamos este principio a la vida cristiana práctica, descubriremos que tal vez consideremos que nuestro comportamiento esta bien delante de Dios. Sin embargo una es la perspectiva que tenemos de lo que significa “obrar bien” y otra muy distinta lo que agrada a Dios. Al respecto el salmista escribió: “Dios, tu conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos”(Salmo 69:5).

 

¿A qué conclusión nos lleva todo esto? En esencia, a reflexionar en dos aspectos. El primero, pedirle a Dios la sabiduría necesaria para identificar comportamientos que para nosotros son normales pero afectan nuestra relación con los demás. El segundo, pedirle también que nos revele qué hay en nosotros que no le agrada.

 

El y solamente El podrá revelarnos actitudes que no glorifican Su nombre y que van en contravía de los principios trazados por Su Palabra, la Biblia.

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El enorme valor de la prudencia y la discreción

Tus palabras edifican o destruyen

Ps. Fernando Alexis Jiménez

La discusión estalló en la oficina por algo que dijo alguien, quien a su vez se lo comentó a otro y fue caminando de una persona a otra hasta perder las proporciones iniciales del chisme y se convirtió en el argumento propio de una novela de Ágata Christie. Una verdadera novela. Y todo comenzó con un comentario.

 

Los reclamos iban de un lugar a otro. “Tú dijiste” y quien se defendía: “Yo no dije absolutamente nada”. Y el que entra a terciar en el asunto: “Sosténgase en lo que dijo; tenga carácter”. Y como en las mejores películas country norteamericanas, la diferencia  iba tomando ribetes de batalla campal.

 

Julio permanecía impasible. En ningún extremo. Ajeno a participar en  el terrible enfrentamiento. Prudente. Reservándose cualquier opinión. Alguien lo tildó de “acomodado”. Él no replicó. No había razón para hacerlo. No era un problema que él hubiese gestado y tampoco creía oportuno intervenir.

 

Dos días después la calma había retornado a la oficina. Se habían hecho los pases. No existía el menor asomo de rencor. Sin embargo el ciclo comenzó cuando alguien dijo: “Por ahí andan diciendo que...”

 

Cuando guardar silencio es de mucho valor

 

Si usted hace una evaluación muy somera de la enorme cantidad de problemas en los que se ha visto inmerso por no guardar prudencia y no decir nada, sin duda comprenderá el verdadero valor que tiene el silencio.

 

Un dicho muy difundido en mi país señala: “Es mejor ver, oír y callar”. Se refiera a la tranquilidad que trae el no intervenir en aquello que no nos han pedido opinar. Y aún así lo pidan, no opinar.

 

En las Escrituras leemos una extraordinaria recomendación:  “Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos, guarda la prudencia y la discreción, y serán vida para tu alma, y adorno para tu cuello. Entonces andarás con seguridad por tu camino, y no tropezará tu pie.”(Proverbios 3:21-23. la Biblia de las Américas).

 

Recuerde siempre que la prudencia y la discreción revisten mucha importancia para mantener unas muy buenas relaciones interpersonales.

 

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Hay salida a la tormenta que atraviesas…

Ps. Fernando Alexis Jiménez

  Problemas. Sí. Problemas. Y bastantes. No los soportaba. Es más, en las tardes cuando concluía su jornada laboral, lo pensaba dos veces antes de encaminarse al hogar. Anticipaba en su corazón que sostendría una diferencia, cualquiera que fuera, con su esposa y las consecuencias generalmente eran muy desalentadoras: palabras soeces, como solía expresarse la mujer cuando estaba fuera de casillas.

 

            ¡Qué diferencia de las imágenes festivas y de rostros sonrientes que se tomaron de la ceremonia matrimonial! Todas las fotografías mostraban una faceta feliz del evento. Como si estuvieran posando para un comercial de televisión. Sin embargo era real. En ese momento todo iba bien.

 

            Meses después comenzó el calvario. Lo que jamás imaginó. Los enfrentamientos se producían por cualquier insignificancia. Era una mujer sumamente celosa. Veía amantes hasta en las vecinas a las que saludaba. Un día que sonrió a una señora que le concedió puesto en una fila, su esposa la ofendió. Y después, delante de todos, lo trató de descarado por relacionarse públicamente con sus enamoradas.

 

            El sacerdote le recomendó tener paciencia. Le sugirió incluso que entregara el sufrimiento a uno de los millares de santos del catolicismo. La vecina de enfrente le habló sobre pócimas mágicas que desalentarían a su esposa de cualquier discusión.

 

            Solamente un pastor evangélico a quien consultó al respecto, le sugirió ir a Jesucristo en oración. “Es la solución a las situaciones de crisis, porque Él calma la tempestad.”, le dijo.

 

            Permítale a Dios que tome el control

 

            La tendencia natural es tratar de resolver los problemas a nuestra manera, bajo las fuerzas que nos acompañan. Generalmente no produce buenos resultados. Desencadenados enfrentamientos. Hay malentendidos. Se llega a herir verbalmente a los demás.

 

            Sin embargo el panorama es distinto cuando le permitimos al Señor Jesucristo que tome control de la situación. Él sabe cómo obrar. Interviene en el momento apropiado. Obra como mejor conviene. Lleva nuestra embarcación a puerto seguro.

 

            En el evangelio de Mateo podemos leer un relato impactante: “Jesús subió a la barca, y sus discípulos lo acompañaron. En esto se desató sobre el lago una tormenta tan fuerte que las olas cubrían la barca. Pero Jesús se había dormido. Entonces sus discípulos fueron a despertarlo, diciendo:--¡Señor, sálvanos!¡Nos estamos hundiendo!. Él les contestó:--¿Por qué tanto miedo?¡Qué poca fe tienen ustedes! Dicho esto, se levantó y dio una orden al viento y al mar, y todo quedó completamente tranquilo.” (Mateo 8:23-26).

 

            El curso de su vida puede variar positivamente si no libra la batalla confiando en sus capacidades sino que involucra a Jesucristo; Él como poderoso gigante se hará cargo del problema, por grande que parezca, y traerá una solución oportuna y eficaz.

 

            Hoy es el día para recibir a Jesucristo

 

            Si no tiene a Jesucristo en su corazón, hoy es el día para que lo reciba. Es muy sencillo. Dígale: “Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón como único y suficiente Salvador. Gracias por perdonar mis pecados. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén”

 

            Si hizo esta oración, lo felicito. Es el mejor paso que ha podido dar. Ahora le invito a tres cosas: la primera, orar. Es hablar con Dios. La segunda, lea la Biblia. En ella aprenderá principios dinámicos que le conducirán al éxito personal y espiritual. Y tercero, comience a congregarse en una iglesia cristiana. Puedo asegurarle que hoy es el primer día de una vida llena de sentido.

 

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¿Está dejando huellas que marcan la diferencia?

¡Camina de la mano de Jesucristo por el sendero de la vida!

Como en los mejores pasajes de “Los funerales de la Mamá Grande”, el célebre relato del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, en el sepelio de Ketherine Graham, se dieron cita personajes de todo el mundo. Desde expresidentes y diplomáticos, pasando por empresarios y actores, hasta cómicos en decadencia. Hablaban en voz baja, rigurosamente vestidos de luto y rodeados de centenares de ramos de flores provenientes de los más recónditos lugares, incluso desde regiones que no figuran en la cartografía universal.

 

¿El escenario? La National Cathedral, en la capital de los Estados Unidos. ¿El motivo? Rendirle honores a la mujer que desde las tribunas del “Washington Post” denunció irregularidades. Le acompañaron los reporteros Bob Wooward y Carl Bernstein, quienes pusieron al descubierto hechos que comprometían instancias estatales. A pesar de las presiones de poderosos grupos económicos, Katherine Graham no cedió. En 1974 el presidente republicano Richard Nixon renunció. El diario que dirigía, ganó el Pulitzer. El caso se conoció mundialmente como el Watergate.

 

¿Por qué razón 3.500 personas se dieron cita en el funeral de esta empresaria y periodista norteamericana?... Por una razón sencilla: dejó huellas...Amigos y conocidos coincidieron en el hecho que era una mujer que obraba conforme a sus principios, con dotes de liderazgo, entusiasta, llena de optimismo, equilibrada...

 

Y usted....¿Dejas huellas?

 

Esta pregunta es de suma importancia y la respuesta sólo la tiene usted. ¿Cómo son sus huellas..en el hogar...su lugar de trabajo...en su desenvolvimiento social...en la iglesia? Si debieran dar una opinión su cónyuge o hijos acerca de su comportamiento, actitudes frente a la vida e incluso metas para el futuro ¿Qué dirían?

 

¿Ha pensado detenidamente que sus palabras, sus reacciones y su comportamiento constituyen huellas que marcan un sendero? El carácter no se hereda. Se forja, se aprende, se pule, pero no se hereda..¿Qué huellas deja usted en sus hijos?¿Es usted de las personas que por donde quiera que se mueve siembran amargura, resentimiento, dolor? O por el contrario, sus huellas contagian de entusiasmo, alegría, ganas de vivir...

 

La Biblia nos insta a dejar huellas marcadas, que sigan quienes están a nuestro alrededor. El apóstol Pablo escribió dirigiéndose a su joven discípulo Timoteo “...se ejemplo de los creyentes en la palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Y el propio Señor Jesucristo dijo a sus seguidores: “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto”(Lucas 6:43).

 

Cambiar las huellas de amargura, resentimiento, crítica y desesperanza, sólo es posible cambiando nuestra actitud frente a la vida. Y esa visión derrotista, de fracaso, sólo la puede transformar Dios. ¡Anímese...Usted puede dejar huellas!

 

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Su vida puede cambiar… pero, ¿de quién depende?

¿Deseas cambiar tu vida?

Ps. Fernando Alexis Jiménez

Greta cerró la puerta con violencia. Detrás quedaban sus padres atónitos, en medio de un desayuno a medio consumir, una mañana soleada de domingo. Corrió lo más fuerte y veloz que pudo y cuando Cecilia, su progenitora salió a la calle, la joven estaba abordando un taxi.

 

Jamás olvidaría ese incidente porque marcaría el comienzo de una nueva vida, de la que se arrepintió por muchos años. Azuzada por unos amigos, se mudó al apartamento de otra chica, igualmente rebelde y quien se preciaba  de ser independiente, contraria a cualquier regla superior. Días después descubrió de dónde provenían los ingresos: de la prostitución.

 

La muchacha terminó involucrada en el negocio. Ganaba buenos recursos. Pero a la par, comenzó a sentir asco por los hombres. Los veía como seres licenciosos, infieles, que obraban movidos más por el instinto que por la razón. Por ese motivo rechazó varias propuestas de hombres que pretendieron sacarla del bajo mundo.

 

Greta se independizó. Consiguió su propia residencia y trabajaba desde casa, atendiendo citas por teléfono. Las ganancias eran cada vez más abundantes, así debiera restringirse de comer para conservar un peso “ideal” y consumir licor y hasta drogas. El dinero que conseguía terminaba invirtiéndolo en lujos, cocaína y heroína.

 

Cierto día, cuando consideraba que su vida era un laberinto sin salida, decidió ir a un teatro cercano donde proyectaban la “Pasión de Cristo”. El filme le impactó y la llevó a cuestionar no solo su forma de pensar sino de actuar, sujeta a la prostitución y las drogas. Tomó dos decisiones que considera, fueron esenciales: la primera, se aisló cambiando línea telefónica y lugar de habitación; y la segunda, comenzó a asistir a una pequeña iglesia, cerca de su área. Dios le permitió conseguir un trabajo, como dependiente de una Boutique. Hoy tiene su propio negocio, en San Salvador.

 

Su vida cambió dramáticamente. Salió del ahogo con el que luchó por mucho tiempo…

 

Dependiendo del hombre… o de Dios

 

¿Qué determina el que a una persona le vaya bien y a otras no?¿Influyen factores como la buena suerte o portar en la parte más recóndita de la billetera una patica de conejo?¿Sirven de algo los sortilegios supuestamente mágicos? Sin duda muchos interrogantes cruzarán por su mente en este momento. Estas preguntas le han llevado a examinar rápidamente lo que está ocurriendo con su propia cotidianidad.

 

Tal vez sus días han sido una concatenación de fracasos, como un río correntoso que se precipita impetuoso a un cause desconocido.  Es probable incluso que haya sentido desesperación porque es conciente que lo ha intentado todo, pero nada parece funcionar.

 

No hay esperanza para mi”, me dijo Raquel, una profesional con especialización que veía con desánimo de qué manera cada peso que llegaba a su bolsillo se iba con la misma facilidad que agua entre los dedos. Una bruja  a la que había consultado días atrás le había pronosticado prosperidad, pero todo iba de mal en peor, contradiciendo el augurio que creyó beneficioso y en el cual cifró sus esperanzas.

 

Ricardo, un próspero negociante cuya cuenta de ahorros engordaba progresivamente, se quejó porque su hogar era un caos. ¿De qué servía que viviera en una de las zonas más privilegiadas de la ciudad? Su esposa le gritaba—a la menor provocación—que lo iba a abandonar, llevándose consigo a sus dos hijitos de tres y cinco años.

 

Cosechamos lo que sembramos

 

Hay una ley universal, ineludible, sustentada en las Escrituras y que se  refleja en todo cuanto experimentamos cada día: usted y yo cosechamos lo que sembramos. Inexorable. Nuestras acciones de ayer desataron las consecuencias que enfrentamos hoy; y cuanto hagamos en el presente, abona el terreno para lo que viviremos mañana.

 

Uno de los escritores más antiguos de la humanidad explicó este principio en los siguientes términos: “No dabas de beber agua al cansado y negaste el pan al hambriento.¡Tú, el hombre pudiente que poseía la tierra, el distinguido que habitaba en ella, a las viudas enviabas vacías  y quebrabas los brazos de los huérfanos! Por eso estás rodeado de lazos y te turba un espanto repentino; estás en tinieblas, de modo que no ves, y te cubre un torrente de agua. ”(Job 22:7-11)

 

Todos los seres humanos debemos hacer un alto en el camino periódicamente y examinar cómo está nuestra vida. Sin duda descubriremos que usted y yo somos responsables por gran parte de las cosas que nos ocurren actualmente. Si cambiamos, volviendo nuestra mirada a Dios en procura de ordenar el curso de nuestros días, conforme a Su voluntad, necesariamente cambiarán las cosas.

 

¿A quién beneficia el cambio?

 

Se ha preguntado, ¿a quién beneficia la decisión que usted tome de cambiar? A usted y a nadie más que a usted. A veces pensamos equivocadamente que el más interesado con nuestra transformación personal y espiritual es el Señor. Tremendo equívoco, como advierte el autor sagrado: “¿Le satisface al Omnipotente que tú seas justo? ¿Le aprovecha de algo que tú hagas perfectos tus caminos? ”(Job 22:3).

 

¿A qué viene este planteamiento? Al convencimiento fundamental de que si deseamos que se produzca una modificación en el entorno que nos rodea, quien debe comprometerse y dar el primer paso hacia esa transformación, debe ser usted.

 

Por un instante piense que está haciendo un balance—pero no de carácter financiero sino de su vida—en el que entrará a considerar las pérdidas y ganancias. Los ratos felices y los momentos de tristeza, desesperanzo o incertidumbre de los últimos días, semanas o meses. ¿Qué se puede hacer para salir del laberinto? Disponernos al cambio con la ayuda de Dios. Es el primer y más grande paso que usted debe dar si quiere salir a flote, emerger en medio de la desesperación.

 

El comienzo de nuestro fin

 

¿En qué momento comienza la crisis en nuestra vida? Pregúnteselo. Tómese un tiempo. ¿Quiere una respuesta? El comienzo del fin se desencadenó desde el momento en que nos apartamos de Dios. Al respecto el autor sagrado anota: Ellos decían a Dios:"¡Apártate de nosotros!"¿Y qué les había hecho el Omnipotente?”(Job 22:17)

 

Separarnos de nuestro Padre celestial es la peor decisión que podemos tomar. Armando, un joven aficionado a la informática, se quejaba hace unos pocos días de la crisis en que se encontraba inmerso: “Mi hogar está desecho. Estoy separado de mi esposa, y aunque le fui infiel en varias oportunidades, descubrí que la amo, pero ya es tarde.”, dijo preso de la desesperanza. Lo trágico de todo el asunto es que había sido cristiano practicante por mucho tiempo. El mundo lo arrastró de nuevo, se apartó del Señor y se precipitó hacia un espiral sin fondo a la debacle.

 

Si busca a Dios, cambiarán las circunstancias

 

A la pregunta de si es posible salir de la encrucijada, tengo una respuesta corta y considero que categórica: definitivamente si.

 

La Biblia tiene un fundamento claro para esta esperanzadora noticia: “»Vuelve ahora en amistad con Dios y tendrás paz; y la prosperidad vendrá a ti. Toma ahora la Ley de su boca y pon sus palabras en tu corazón. Si te vuelves al Omnipotente, serás edificado y alejarás de tu morada la aflicción. ¡El Todopoderoso será tu oro  y tendrás plata en abundancia! ”(Job 22:21-23, 25)

 

No tiene sentido que siga hundiéndose en sus propias fuerzas. Por ese camino sólo se orienta hacia el abismo. Piense que el panorama puede cambiar, que está en sus manos, y los resultados serán del cielo a la tierra. Puede significar un giro de ciento ochenta grados. ¿De quién depende? De usted. Basta con determinar volverse a Dios, someterse a Él y andar en Sus caminos.

 

Dirigir nuestra mirada al Padre celestial, nuestro amoroso Padre, es el paso fundamental de todo aquél que quiere una vida diferente. El cuadro de adversidad se modificará y todo obrará a su favor. Es tornar en intimidad con el Señor lo que nos asegura que las peticiones recibirán contestación: “Entonces te deleitarás en el Omnipotente y alzarás a Dios tu rostro. Orarás a él y él te oirá…”(Job 22:26, 27). Sólo en Dios, tomados de Su mano, tenemos garantizadas la prosperidad y la bendición para cuanto hagamos: Asimismo lo que tú determines se realizará, y sobre tus caminos resplandecerá la luz. ”(versículo 28)

 

Hoy es el día para comenzar de nuevo; una nueva en la que deje atrás el sino de la derrota que sembró y regó con acciones distantes de la voluntad de Dios de Dios. Pero todo puede ser diferente. Parte de una decisión que no es más que suya y nada más que suya. Si da el primer recuerde que el Señor lo espera con los brazos abiertos, dispuesto a ayudarlo en ese proceso.

 

¿Ya tomó la decisión más importante?

 

La decisión más importante de todo ser humano es recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Si no lo ha hecho aún, le invito para que lo haga ahora, mediante una sencilla oración allí donde se encuentra. Dígale: “Señor Jesucristo, gracias por morir en la cruz para perdonar mis pecados y darme una nueva oportunidad. Te recibo en el corazón como único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tu quieres que yo sea. Amén”

 

Si tomó la decisión, felicitaciones. Le invito ahora para que siga tres pasos: el primero, haga de la oración un principio de vida diaria. Orar es hablar con Dios. El segundo, lea la Biblia. En ella aprenderá principios dinámicos que le llevarán al crecimiento personal y espiritual. Y el tercero, comience a congregarse en una iglesia cristiana en donde encontrará hermanos en la fe que le ayudarán en su proceso.

 

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057) 317-4913705

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